MARIANO BRULL. POEMAS

«…Y la noche, sola con la noche».

La paloma, Pablo Picasso, litografía, 1949.

A Mariano Brull (1891-1956) las jitanjáforas le deben el formar parte del variado y rico abanico de filigranas líricas. Pero no es mi intención hablar aquí de jitanjáforas, ni de «poesía pura», que también se vio enriquecida con la obra de Brull. No pretendo hablar de lirismos, ni de localismos, ni de guiños a las canciones que acunan, ni del uso de los diminutivos, ni de las palabras que se cruzan entre ellas con el fin de alejar razonamientos y lógicas.

Tampoco quiero conversar de las formas cubistas o de la vibrante paleta fauvista, estéticas artísticas que llamaron la atención de los poetas experimentales. Sobre estos conceptos, que se alternan en la obra del versador cubano, hay mucho dicho.

Entonces, ¿qué es lo que quiero? Lo que pretendo es resaltar cómo los versos de Mariano Brull, voz de su época, se alían con las sensaciones. ¡Sensaciones: el motor creativo de los ismos! —los ismos compartieron la necesidad de simbolizar cómo se va volviendo intrascendente lo que durante centurias había sido importante para el hombre.

Estudio con cabeza de yeso Juan-les-Pins, Pablo Picasso, óleo sobre lienzo, 1925.

La poesía es rostro de su tiempo, como lo es la literatura, la música, el teatro y las artes plásticas. Por eso, los movimientos estéticos de la primera mitad del siglo XX son espejos del desasosiego social que dio inicio a la descreencia, a la falsa seguridad, a los emoticonos que sustituyen la conversación cercana, al desprecio de la herencia humanística, a la Agenda 2030 —dice el refrán que «de aquellos polvos vienen estos lodos».  

El Simbolismo, el Dadaísmo, el Surrealismo, el Futurismo… eliminaron de la palabra modernista y posmodernista no solo lo que en ella había de superficial, sino también de claridad expresiva. En lo que se refiere a la poesía, las estéticas que se multiplican en la primera mitad del siglo XX sangraron los vocablos, los deformaron y los difuminaron.  

Perfil en la ventana, óleo sobre lienzo, 1934.

La mutilación de lo definido otorgó a la palabra y al trazo una nueva simbología, que en el caso de la poesía se manifiesta, entre otras singularidades, a través de la fonética y de una palabra que adquiere nuevas significaciones. La simbología escrita y la visual, al igual que el futuro del hombre de las dos guerras mundiales, se nos presentan con una apariencia borrosa —la hermosura clásica y lo figurativo emprenden un largo sueño y como la Bella Durmiente esperan al príncipe que las despierte.

Las guerras mundiales consiguieron su propósito de acorralar todo vestigio de individualidad, volviendo al hombre adicto a las cosas y a la inmediatez. Pero los vanguardistas de la primera mitad del siglo XX, que es donde madura el poeta Mariano Brull, conscientes de lo que se avecinaba—el aire ya soplaba enrarecido cuando el camagüeyano iniciaba su recorrido lírico—, dieron su propia batalla. ¿Ganaron? Digo que sí, porque en un mundo que cada día se volvía más coral son sus obras voz de ellos mismos.

El gato agarra un pájaro, Pablo Picasso, óleo sobre lienzo, 1939.

Los vanguardistas de la primera mitad del siglo XX se cuestionaron quiénes eran y qué querían. Estas son interrogantes que subyacen en la lírica de Mariano Brull, quien evitó el empalagoso aderezo modernista cuando versaba sobre temas que habían inspirado a Rubén Darío y a sus admiradores, temas como la primavera y el otoño, la rosa y la mariposa, lo femenino y los astros, las peculiaridades que describen la patria, el amor… —¡Ay el cisne, que va perdiendo sus nacaradas plumas!

En la medida en la que el siglo de Brull se va acercando a su centro, las emociones, las sensaciones y las actitudes se imponen, mutando lo representativo en abstracto. Mariano Brull, poeta de una sociedad que convenció al hombre de que nada está bajo su control, ofreció al nuevo lenguaje sus jitanjáforas —estrofas que en su literalidad carecen de significado, pero que otorgan sentido al canto a través de la fonética.

Los poetas, los artistas plásticos, los músicos, los escritores y los dramaturgos de las vanguardias del XX no perdieron sus conciencias. La lucha frenética que iniciaron con el propósito de defender su individualidad los condujo a la creación de una nación propia: la de los ismos.

El hundimiento del Imperio Austrohúngaro (1867-1918) cambió el mapa de Europa, partiendo su rostro en dos: a un lado se desataron la filosofía nihilista y el consumismo capitalista, mientras que en el otro la subsistencia y el Estado del miedo se convirtieron en los mejores aliados del socialismo. 

Amigos, hago acompañar las poesías que he seleccionado con lienzos de Pablo Picasso, pues es nombrado por Mariano Brull en Tras de este plano rosa Picasso.

Leemos en uno de los poemas recogidos en Canto redondo:

«y un cuerpo extraño —el mío—
¡en el duro camino
de mi cuerpo a mi cuerpo!» 

*

POEMAS

LA CASA DEL SILENCIO
(1916)

Mujer con mandolina, óleo sobre lienzo, 1908.

AUNQUE FALTE A TU VIDA…

Aunque falte a tu vida la paz, y la alegría
nunca te sonriese sobre el camino adverso,
que llene tu existencia siempre la poesía
como ha de rebosar el molde de tu verso.

Con los ojos cerrados busca el mundo en ti mismo;
la mujer que no has visto, la ciudad que no existe;
y, al abrirlos, tus ojos verán en espejismo
aparecer la vida como tú la quisiste.

No sentiremos nada de nuestro ser distinto,
y todo será unánime, el gusano y la flor;
y viviremos siempre sin salir del recinto
de la luz que proyecta nuestro sueño interior.

No cegará tus ojos el esplendor del mundo,
y pasarás, sonámbulo, absorto en tu universo,
mientras late tu alma en el ritmo profundo
que toma de la vida el alma de tu verso.

Nada sobre la Tierra te será indiferente;
mirarás a las cosas con mirada segura;
serás luna en la luna que baja hasta la fuente,
serás llama en la llama que sube hasta la altura.

Sólo sabrás dos cosas: de amor y de belleza.
Lo demás… nada importa. Toda la vida es
amar; sentir lo bello; tener una tristeza
para que un alma hermana nos la cure después.

SONETO DE OTOÑO

Yo adoro en el Otoño la expresión transitoria
que llena los jardines de gracia pensativa,
y en que el gentil donaire del aura migratoria
idealiza el ambiente con una unción votiva.

Si ha muerto ya el Estío, su muerte es ilusoria;
aún mora en la floresta como alma sensitiva:
viviendo el apogeo de una doliente gloria,
llenando los jardines de gracia pensativa.

Yo adoro la expresión rojiza, que en la fronda
remeda, persistente, la pasajera onda
de luz crepuscular con su melancolía.

*

POEMAS EN MENGUANTE
(1928)

Bañista sentado, óleo sobre lienzo, h. 1930.

VERDEHALAGO

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, Vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura.
Verde, doble verde
de col y de lechuga.

Rr con Rr
en mi verde limón
pájara verde.

Por el verde, verde
verdehalago húmedo
extiéndome. —Extiéndete.

Vengo de Mundodolio
y en Verdehalago me estoy.

LA CATEDRAL ENGARZADA EN EL OJO

La catedral engarzada en el ojo
—cubista—
del vitral azul y rojo
gira —anillo de Saturno—,
al sol que muere en un guiño—.
El fondo: campo de armiño.

ESTA PALABRA NO DEL TODO DICHA

Esta palabra no del todo dicha
a lengua huir del diálogo, quebrada.
Rebotando entre filos: afilada
en angular precepto de desdicha.

De sentido y sentires acosada
urgida del pretexto de su dicha
así vive, y desvívese entredicha
en boca de sentido desbocada.

Su don —arcano de inquietud— excita
voluble en el renuncio que la anuncia
silencio de Babel que al verbo irrita.

Y si el Abecedario la denuncia:
frente al agravio de la letra escrita
en interrogaciones se pronuncia.

*

CANTO REDONDO
(1934)

Dora Maar con uñas verdes, óleo sobre lienzo, 1936.

CANTO REDONDO

La coliflor de la luna
—Selene para la cita—
una, más dos veces una,
ni jazmín, ni margarita,
ni novia que el suelo quita
para magnolia del cielo:
si cara de caramelo
lamida en el astrolabio,
deja el labio —en el resabio
desvelado— sin desvelo.

ISLA DE PERFIL

Ilesa isla intacta
bozal del mar nómada,
cabezal de nardos
ahogados en luz.
Un ladrido en clave
de nácares rudos
y en ronda, soleados,
estíos de agua.
Clara y crespa aroma,
alta en voz de gallo,
la cresta levanta.
Mordaza de azules
con rizos de lumbre,
la pulsa y la ciñe.—
No caimán artero,
primavera ecuestre
a hombros de hipocampo,
abra de clamores,
rubiales de mieles,
espiral de gozo,
zumo: ¡cima ilesa
de la isla intacta!

*

SOLO DE ROSA
(1941)

Bañista con pelota de playa, óleo sobre lienzo, 1932.

ROSA ALTA

Viene por el aire tenso
de resonancia metálica,
el hombrecito que baila
con sus polainas de plata:
se arranca una luz del pecho
y se la pone de alas,
y rueda —fuego de angustia—,
brasa viva de esmeralda,
¡cabritillo de la noche
que busca la rosa alta!

ESCALAS DE RUISEÑOR

Mírate… Mírame sólo.
Entre blanco y blanco ¿qué
se ha visto que no se ve?
Verde y más verde ¿colores?
Acaso será de rosa
el rojo que asoma el ojo.
Mírate… Mírame sólo

Sí.
    Ya.
       No.
                                     Sí — ya — sí — no.

*

TIEMPO EN PENA
(1950)

Cabeza de hombre, óleo sobre lienzo, 1913.

VÍSPERA

Al caos me asomo…
El caos y yo
por no ser uno
no somos dos.
Vida de nadie,
de nada… —No:
entre dos vidas
viviendo en dos,
víspera única
de doble hoy.
Muere en la máscara
quien la miró,
yo —por dos vidas—
me muero en dos…

EL NIÑO Y LA LUNA

La luna y el niño juegan
un juego que nadie ve;
se ven sin mirarse, hablan
lengua de pura mudez.
¿Qué se dicen, qué se callan,
quién cuenta, una, dos y tres,
y quién, tres, y dos y uno
y vuelve a empezar después?
«¿Quién se quedó en el espejo,
luna, para todo ver?»
Está el niño alegre y solo:
la luna tiende a sus pies
nieve de la madrugada,
azul del amanecer;
en las dos caras del mundo
—la que oye y la que ve—
se parte en dos el silencio,
la luz se vuelve al revés,
y sin manos, van las manos
a buscar quién sabe qué,
y en el minuto de nadie
pasa lo que nunca fue…

El niño está solo y juega
un juego que nadie ve.

*

NADA MÁS QUE…
(1954)

Guernica, óleo sobre lienzo, 1937.

SOLO DE NOCHE

Esta noche se sale de su noche
como del molde justo
de la noche primera…
Y el cielo, y las estrellas y la luna
acaban de nacer para esta noche:
el cielo esta copia exacta del cielo,
la estrella de la estrella, y la luna
calca su propia faz de luna nueva…
Esta noche, grabada en la pizarra de la noche,
enciende sus luces,
apaga sus luces.
El hombro ancho del horizonte ondula
al mecerse en la aérea arquitectura del cielo.
La urbe viajera del aire vuelve a su planta errante.
El horizonte urbano levanta las mismas torres.
Cada sombra en su sitio. Cada estrella en su luz.
La flor está en su flor y la hora en su hora…

…Y la noche, sola con la noche.

ASÍ

Este es el relámpago calado por la lluvia,
que deja atrás el trueno en el espacio espeso,
por pulir el tornasol del tiempo retardado.

Este es el muñón de la estrella deshecha,
por gran muerte inflamada, muriendo en muerte enana
en el mínimo seno de una gota de agua.

Este es el rosal creciendo en el esqueleto
asomado por el hueco del oído
al gran rumor del mundo pereciente…

Esta es la rosa que abrió en el esqueleto
y sale por los ojos, mirándose y mirando
desde el hondón oscuro de pupilas de antes.

Este es el gallo, abanderado de su cresta,
con la mirada en alto, mirando y remirando.
Ojo avizor. Oído agudo. Olvidadizo y pronto:
con el mundo que no es más que ojos, mira;
con el mundo que no es más que oído, oye.
En torno a su figura exacta, y penetrándola,
ronda la nada asida a la absoluta ausencia,
—muda y sorda y eterna— pastor de mundos ciegos.

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