“Saludemos a los mares que se elevan, también en las lunas”.
Max Ernst

Los campos de honor las inundaciones las plantas sísmicas, lámina XII.

En 1926, en la tienda Pierre Chareau de París, se expusieron treinta y cuatro dibujos realizados con la técnica del frottage (frotamiento). Bajo el título de Histoire naturelle el alemán, afincado en Francia, Max Ernst (1891-1976) daba rienda suelta a su deseo de someter al espectador a un ejercicio de interpretación a través de las imágenes visuales que creó y de los títulos que otorgó a las mismas.

Los dibujos de Max Ernst fascinan, pues son, como diría el poeta surrealista René Crevel (1900-1935), “delirios apenas perceptibles”. Los dibujos de Ernst obligan a quien los contempla a ir más allá de la lógica. La técnica utilizada y la interpretación que el artista hace del resultado obtenido mediante el frotamiento dan un fruto mágico, un fruto extraño que evidencia que toda forma obvia tiene, a su vez, una forma oculta.

La paleta de césar, lámina XX.

Los trazos de Ernst no se conforman con su imagen visual, ellos exigen ser identificados a través de las palabras. Los frottages tienen nombres y esos nombres forman parte del juego propuesto por el artista. Los títulos tienen, además, vida propia, no dependen del dibujo, no lo describen, no dan pistas al público para que encuentre la semilla de los frutos.

Los títulos que acompañan a las láminas vuelan solos y son sugerentes, poéticos, extraños… La narración visual y la narración escrita tienen relato propio, así que el espectador que desee llegar al meollo de las obras tendrá que aplicarse. Dice el artista en sus Notas de una biografía que “la vocación del hombre es librarse de su ceguera”.

El evadido, lámina XXX.

El frottage es una técnica inventada por Max Ernst y rinde homenaje a la naturaleza que se encuentra en el fondo de las cosas. Es un calco, pero no uno cualquiera, pues para que sea frottage tiene que llevar consigo la interpretación que de la figura obtenida hace su autor. Ese calco saca a la luz lo que no apreciamos a primera vista, lo que se oculta a la realidad consciente.

¿En qué consiste el frottage? En frotar un carboncillo sobre un papel que, a su vez, está sobre un soporte que es casi siempre natural -madera, tela, cuerdas, hojas de árboles, hojas arrugadas, cortezas de pan…

El frottage es una herramienta eficaz para conseguir el automatismo y las imágenes únicas y misteriosas que exigía el surrealismo; es, afirma Ernst, un “provocador óptico”.

El tilo es dócil, lámina XVI.

La carpeta que reúne los trabajos de Max Ernst bajo el nombre de Historia Natural fue publicada en 1926, unos pocos meses después de expuestos los dibujos con gran éxito. El álbum, que fue editado por la coleccionista de arte, editora y galerista Jeanne Bucher (1872-1946), incluye una introducción a cargo del escultor y poeta dadaísta Jean Arp (1887-1966) y el prefacio que Ernst escribió para su cuaderno.

Los dibujos para esta edición fueron reproducidos en fototipia, una técnica de impresión fotomecánica que consiste en reproducir clichés fotográficos sobre una capa de gelatina con bicromato que se extiende encima de una plancha de cobre o cristal.

Los diamantes conyugales, lámina XXV.

Ilustraciones mágicas, enigmáticas, bellas; imágenes surrealistas que se dirigen a nuestro subconsciente. Plantas, paisajes, animales, minerales, formas que envían señales al lado opuesto de las certezas, que son como las ondas parpadeantes que nacen de las piedrecitas que tiramos al lago. No interesan ni las piedras ni su destino, ya sabemos lo que con ellas pasa, interesa la imagen de las ondas misteriosas, eso es lo que buscamos cuando al lago apedreamos.

La rueda de la luz, lámina XXIX.

En la obra de Max Ernst la naturaleza es relevante. Ernst fue un artista comprometido con la conservación del medio ambiente y esto puede apreciarse en los dibujos recogidos en Historia Natural, dibujos que ahora expone la Fundación Juan March en el Museo de Arte Abstracto Español situado en Cuenca.

Dice el crítico de arte norteamericano Hal Foster (1955) que el arte nuevo busca “la imagen como vestigio enigmático de una experiencia o una fantasía traumática, con ambiguos efectos curativos y destructivos”.

El origen del reloj, lámina XXVI.

Las piezas que se encuentran en el Museo de Arte Abstracto Español dan buena fe del criterio de Foster -la abstracción española de mediados del siglo XX es un corazón agraviado que palpita con fuerza-. Son piezas paridas en tiempos de ojos enrojecidos, tiempos en los que el gato cambiaba sus uñas por una caricia, tiempos de espejos empañados por el aliento franquista. Hay mucha cuerda retorcida, muchos clavos, mucha paleta oscurecida, mucho hierro martillado en las paredes blancas del museo que cuelga de las cornisas rocosas de la hoz del río Huécar.

Para olvidarlo todo, lámina XXXII.

Hasta el mes de marzo estarán expuestos en el Museo de Arte Abstracto Español los dibujos de Historia Natural reproducidos en fototipia. Afirma el historiador de arte marroquí Georges Sebbag que “Max Ernst se manifiesta de inmediato como un iconoclasta que distorsiona el espacio euclidiano, rompe la flecha del tiempo, corta y desvía las imágenes”.

No podría ser de otra manera, pues Max Ernst estuvo estrechamente vinculado al movimiento Dadá y al Surrealismo.


Ella guarda su secreto, lámina X.

Ahora te dejo con el prefacio escrito por Max Ernst para su Historia Natural, álbum que muestra el resultado de las formas surgidas del frottage y del inconsciente del artista. Dibujos de objetos, animales y paisajes que habitan en el mundo de los secretos, donde todo es posible, donde todo puede ser moldeado al margen de la realidad, donde nunca el calco será copia y donde nunca la razón dominará.


Eva la única que nos queda, lámina XXXIV.

PREFACIO A HISTOIRE NATURELLE, 1956.
MAX ERNST

Si Paul Eluard ha dicho la verdad al afirmar que muchos niños hacen un anciano, sentimos con perverso placer el horror que esta verdad pretende esconder, la aceptamos con una sonrisa y nos preparamos para dar una vuelta por los establos de la esfinge. Pero…

Cuando a propósito de mi historia natural, parte de la cual está publicada en este cuaderno, Paul preguntaba si el espejo ha perdido sus ilusiones o bien si el mundo se ha desprendido de su opacidad, los más duros de entre nosotros sintieron helarse su sangre de alegría. Atractivo espectáculo: la vieja enseñanza escolar según la cual la tierra no atacaría al hombre, de golpe se desmoronó. Al desprenderse de su opacidad el universo tiende a fundirse en el hombre. Al desprenderse de su opacidad, el universo tiende a confundirse con el hombre. Al hombre pues le toca desprenderse de su ceguera.

El poeta se regocija. La tierra, dice, se cultiva ella sola. Traduzcamos a lenguaje corriente: la tierra, para nuestra admiración, muestra el juego de sus transparencias. En invierno, dice el poeta, solo hay que escarbar la nieve para encontrar sol, en verano, los frutos tienen un hueso de hielo.

Los pájaros, añade, marcan las horas: mediodía, el verdecillo quema, las seis, el chorlito tiembla (el día se rompe), medianoche, es un aguafiestas furioso que lanza balas de noche a los ojos vacíos.

En los ojos de los videntes, la luz da vueltas. Solo las trampas de amor pueden sustraerse a su poder.

El poeta al que había dedicado mi historia natural, en su exégesis la dedica a su vez al único ser que para él (entonces) encarnaba el universo opaco:

Sólo hay escondrijos para el único ser que siempre se os escapará. Si lo buscáis por la noche, está en la luz, si lo buscáis de día, duerme.

Moraleja: no temamos caer en la infancia del arte. No molestemos a esos ciegos que por la noche bailan sobre los tejados de nuestras ciudades y campos. Más enamorados de la vida que vivos, no buscan más que vivir, no quieren ver. Saludemos a los mares que se elevan, también en las lunas.

 


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