MEDALLONES

Medallones agrupa algunos testimonios de los sobrevivientes del holocausto en Polonia cuando aún se desconocía el verdadero alcance del exterminio nazi.

Zofia Nalkowska (1884-1954) participó en la Comisión de Investigación de los Crímenes Hitlerianos llevada a cabo en su país. Es de esa experiencia de donde salen las declaraciones que la escritora, periodista y dramaturga recrea en Medallones. El volumen se editó en 1946, cuando aún deambulaban por Europa, desorientadas, las víctimas que habían declarado en dicha Comisión.

Medallones es un libro desgarrador, es tan intenso que por momentos parece irreal, pero, desgraciadamente, no es así. Por eso creo que debo advertir de su dureza. Las experiencias recogidas en cortos capítulos llegan a traspasar toda línea de seguridad prevista por el lector avezado en estos temas.

Hay comportamientos que muestran la impotencia del Tiempo. El Tiempo no puede borrar la historia, no lo cura todo. Eso es incierto. Los años pasan, pero siempre tendremos presente el humo gris huyendo en espiral densa, buscando refugio en las castas nubes. Ese humo gris fue, en sí mismo, un grito ahogado en un mundo de sordos.

Medallones fue publicado en el año 2009 por la editorial Minúscula. Lo leí en su día, pero es de esos libros que no quiero que queden relegados. Los relatos en él recogidos son  testimonios de hasta dónde puede llegar el Mal cuando los hombres de buena voluntad hacen oídos sordos a las alarmas.

Zofia Nalkowska , fotografía

Ahora, hartos de sobreinformación, relativizamos la historia y pasamos de la ironía y la sátira comprometida a la banalización de los conflictos, al chiste fácil. Pero, ¡ojo!, la chanza nunca huye de la realidad. Esa risa que te provoca es cobarde.

El Miedo corroe la moral, la ética, deshace los principios. Sin el miedo cómplice es impensable el terrorismo, es imposible el exterminio de poblaciones en nombre de religiones y ambiciones políticas.

Sin el miedo cómplice Hitler no hubiese podido sembrar de cadáveres Europa y Stalin no hubiese podido helar almas en Siberia. Sin el miedo cómplice no habría campos de refugiados sirios y el mar no escupiría cuerpos de ébano a las costas. Ojo con los chistes malsanos, que por la risa cobarde entra la peste.

El colaboracionismo fue el mayor aliado del nacismo. No lo olvidemos.

firma gabriela3

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