“Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”.
Evangelio según San Lucas, 2.7

Virgen del racimo de uvas, Pierre Mignart, óleo sobre lienzo, 1612.

Presentada siempre como una figura cercana, como confidente, como Niña, como Mujer inmaculada, como Madre afligida… Rodeada de flores, colores y fragancias. Con rostro y vestimenta oriental, con rostro y traje occidental. Mostrada sola o en compañía de pastores, ángeles, santos, animales, donantes… Camaleónica. Las imágenes que describen la figura de la Virgen María son tan variadas como amplio es el listado de artistas que la han pintado o versificado.

María ha consentido que pintores y poetas la traten con familiaridad. Los artistas y escritores han creado una Virgen a su medida. El arte mariano muestra un abanico inmenso de formas, ambientes, locaciones, anécdotas, gestos… Esta variada iconografía es el resultado de la suma de los textos bíblicos con referencias marianas, las formas de expresión de la época del autor y sus estados emocionales. Son obras pasionales y cercanas.

Los textos marianos permiten ciertas libertades que no pueden darse en el tratamiento de la figura del Señor, tan minuciosamente descrita en los Evangelios. Las fuentes de información a la que acuden poetas y pintores cuando buscan testimonios sobre la Virgen son el Antiguo Testamento, el Apocalipsis y los Evangelios Apócrifos. Esta es la razón por la que los autores han podido permitirse licencias a la hora de crear, pues no han tenido que ceñirse a lo narrado en los cuatro evangelios canónicos que, según el Concilio Vaticano II, “transmiten fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó”.

El respeto con que los artistas y escritores han tratado a María se muestra en un lenguaje artístico rico en formas y palabras hermosas. La Virgen ha sido desde el siglo V, siglo en el que se reconoce oficialmente a María como Madre de Cristo (Concilio de Éfeso, 431), una fuente de inspiración poderosa por la atracción que despierta el misterio que la envuelve. Las obras dedicadas a la Madre de Dios reflejan el sentimiento de devoción de sus creadores, así como también la personalidad del artista, que muestra su imaginación mediante imágenes visuales o escritas. En la poesía y en la pintura la iconografía mariana es enriquecida con notas personales.

Inmaculadas, Dolorosas, Anunciaciones, Natividades, Adoraciones… La Virgen Niña, la Virgen Madre, la Virgen Viuda, la Virgen desconsolada al pie de la cruz, la Virgen solitaria, la Virgen popular, la Virgen platónica, la Virgen humana (pastora, panadera, lavandera…), la Virgen rodeada de riqueza, la Virgen rodeada de  pobreza… Los villancicos, las nanas, las letanías, los poemas históricos, intimistas, biográficos, milagrosos, épicos, esperanzados, dolorosos… El arte mariano rezuma vida humana. De ahí su riqueza en imágenes visuales y metáforas poéticas que alternan, como la vida misma, festividad y drama.

El Calvario, Roger van der Weyden, óleo sobre tabla de roble, h. 1457-1464.

La figura de la Señora ha estado presente en la literatura y en el arte desde muchísimo antes de que mayo fuera el elegido como el mes ideal para conmemorar la presencia en nuestras vidas de la Virgen María -la tradición de celebrar las fiestas en mayo comenzó a partir del Barroco, aunque no es hasta el siglo XIX que se establece, definitivamente, mayo como el mes de las celebraciones marianas.

El arte actual no se siente inspirado por la historia sagrada y sus personajes. Pero si bien muchos autores, espectadores y lectores contemporáneos reniegan de la teología, el arte heredado relacionado con los pasajes bíbilicos continúa vivo. En una sociedad veneradora del individualismo feroz, los detractores del pensamiento cristiano no pueden evitar la atracción que sobre ellos ejercen las vírgenes de Murillo, Rafael, El Greco, Velázquez, Giotto, Luis de Morales, Juan de Juanes, Rafael…

En principio parece una contradicción. ¿Cómo puede asombrar aquello que se rechaza? Puede argumentarse que sólo se admira la técnica y la belleza de la obra. Mas esta mutilación no es posible, porque en el arte no se puede separar el fondo de la forma. Los estilos y los movimientos artísticos se crean partiendo de la base de que forma e idea responden al sentir de una época concreta. Además, el pensamiento es acumulativo. Somos herederos forzosos de la historia. Creamos historia a partir del patrimonio recibido.

Los fundamentos de la cultura europea son inentendibles si amputamos el Cristianismo. La cultura hispana y el espíritu cristiano son primos hermanos. Cuando un lector o un espectador está frente a una obra mariana, además de admirar las cualidades técnicas de lo que contempla o lee, está recibiendo un mensaje que conecta con él. Un mensaje familiar y muy antiguo, porque el sentido religioso de la vida se muestra también a través del arte y de la literatura. La Escritura marcó la relación que el hombre europeo y los pueblos colonizados por este han mantenido con la naturaleza, con la vida y con la muerte.

La pintura y la poesía mariana es muy amplia y se extiende por todos los rincones del mundo. María es símbolo de salvación, es asidero para momentos en que el alma está traspuesta de dolor. A Ella acude el hombre en busca de socorro y esperanza. A Ella poetas y pintores han dedicado sus obras colmadas de fe, amor y devoción. Son obras que la describen, principalmente, en tres momentos de su vida: cuando está al pie de la cruz, en su misión de protectora del hombre pecador que busca su intercesión y como Madre del Redentor, aunque todos los pasajes de su vida han sido versados y coloreados.

La Anunciación, El Greco, óleo sobre tabla, 1570-1572.

Para celebrar el mes de mayo, mes de María, he seleccionado algunos poemas dedicados a la Virgen escritos por poetas latinoamericanos, poemas que hago acompañar de cuadros pintados por artistas europeos de diferentes épocas.

Así explicaba el cardenal John Henry Newman (1801-1890) las razones de por qué mayo es el mes de María:

“Porque los retoños brotan en los árboles y las flores en los jardines. Porque los días se vuelven largos, el sol nace temprano y se pone tarde. Porque semejante alegría y júbilo externo de la Naturaleza es el mejor acompañante de nuestra devoción a Aquella que es la Rosa Mística y Casa de Dios”.

La Escritura, bajo el amparo de los misioneros, atravesó mares y encontró acomodo en América.
La Virgen de la Granada, Fra Angelico, temple sobre tabla, h. 1426.

VIRGEN MARÍA
José Martí
(Cuba)

Madre mía de mi vida y de mi alma,
dulce Flor encendida,
resplandeciente y amorosa gasa
que mi espíritu abriga.

Serena el escozor que siento airado
que tortura mi vida,
¡qué tirano,
cómo asidera el alma mía!

¡Se rebela, maldice,
no quiere que yo viva,
mientras la patria amada
encadenada gima!

Un gran dolor le sigue
como al hombre la sombra fugitiva,
y los dos me acompañan
junto con la fatiga.

Madre mía de mi vida y de mi alma,
dulce Flor encendida,
resplandeciente y amorosa gasa
que mi espíritu abriga.

La Virgen en oración, Alberto Durero, óleo sobre tabla, 1518.

ORACIÓN SENTIDA
Federico Rivas Frade
(Colombia)

Ante el viejo retablo donde lloras,
mi madre se postraba de rodillas,
y lo mismo que en ti, vi en sus mejillas,
rodar el llanto en las amargas horas.

Como un rayo de luz de dos auroras
de ella y del cielo en que sin mancha brillas,
bajaba con mis súplicas sencillas
la compasión que tú de Dios imploras.

Muerta mi madre, en noches de amargura,
ante el cuadro a caer vuelvo de hinojos,
y cuando el alma su oración murmura,
se aplacan de mi vida los enojos
porque al rogarte a ti, se me figura
que ella me está mirando en tus ojos.

Natividad, anónimo, óleo sobre tabla, siglo XVI.

SI TÚ ME DICES: “¡VEN!”
Amado Nervo
(México)

Si Tú me dices: “¡Ven!”, lo dejo todo…
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada…

Pero dímelo fuerte, de tal modo,
que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta en el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lado
y hiera el corazón como una espada.

Si Tú me dices: “¡Ven!”, todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo
y al fulgor de la luz crepuscular;

mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome, ¡oh, Madre, como un nardo
de perfume sutil ante el altar!

La Virgen del Pajarito, Luis de Morales, óleo sobre tabla transferida al lienzo, 1546.

STELLA MATUTINA
Carlos María Onetti
(Uruguay)

¡Cuando se encuentra el alma obscurecida
por la tristeza o la melancolía
si levanto los ojos y te encuentro,
todo se va, Stella Matutina!
¡Cuando se encuentra el alma desbordante
por infernal o báquina alegría,
si levanto los ojos y te encuentro,
todo se va, Stella Matutina!
Eres reposo entre el fulgor que hiere;
en la negra caverna, llama viva;
detrás de tus destellos eucarísticos,
todo se va, Stella Matutina!

La Virgen en contemplación, Tiziano, óleo sobre lienzo, siglo XVI.

Al NOMBRE DE MARÍA
Sor Juana Inés de la Cruz
(México)

De María, a quien la invoca,
es de su nombre el sonido
suavidad para el oído
y dulzuras en la boca;
y así, el que una vez le toca,
no sabe vivir sin él,
que para mí él es miel.

De su nombre la cadencia
es una clara armonía
que ocasiona melodía
con dulce correspondencia
de todos la diferencia
la suavidad que hay en él
que para mí él es miel.

Retablo de la Virgen, Maestro de Torralba, temple sobre tabla, h.1435-1440.

OFRENDA A LA VIRGEN
Mercedes Torrens de Garmendia
(Cuba)

Toda la miel de un pomar
quiero llevar, Madre mía,
como un panal de ambrosía,
desde mi alma a tu altar.

Llevarte quiero un cantar,
un manojo de jazmines,
el eco de mil violines,
de un ave excelsa, el trinar.

Quiero darte la frescura
de una flor reverdecida;
quiero ofrendarte la vida,
darte toda mi ternura.

Pero te pido, Señora,
que en los pliegues de tu manto
recojas todo mi llanto
y el ansia que me devora.

Y me des el existir
en paz con mi corazón
y un compasivo perdón
a la hora de morir.

La Anunciación, Emile Bernard, óleo sobre lienzo, 1890.

MIENTRAS BAJA LA NIEVE
Gabriela Mistral
(Chile)

Ha bajado la nieve, divina criatura,
el valle a conocer.
Ha bajado la nieve, mejor que las estrellas.
¡Mirémosla caer!

Viene calla-callando, cae y cae a las puertas
y llama sin llamar.
Así llega la Virgen, y así llegan los sueños.
¡Mirémosla llegar!

Ella deshace el nido grande que está en los cielos
y ella lo hace volar.
Plumas caen al valle, plumas a la llanada,
plumas al olivar.

Tal vez rompió, cayendo y cayendo, el mensaje
de Dios Nuestro Señor.
Tal vez era su manto, tal vez era su imagen,
tal vez no más su amor.

El descendimiento, Giandomenico Tiepolo, óleo sobre lienzo, 1772.

IMAGEN ADORABLE DE MI MADRE
Cristóbal Cevallos Larrea
(Ecuador)

¡Oh, Madre Dolorosa! Yo te amo
en mis horas de niebla y desventuras.
Con inquietud de niño te reclamo
cautivado en la red de tu ternura.

Al mirar la tristeza de tus ojos,
tus pupilas que naufragan en el llanto,
con unción arrodíllase de hinojos
toda mi alma, rendida de quebranto.

Y mientras el dolor con saña impía,
con sus agudos clavos de tortura
tu pecho de bondad así taladre
te seguiré adorando, Madre mía,
porque veo en tu rostro de dulzura
la imagen adorable de mi madre…

Presentación en el templo, Giovanni Bellini, temple sobre tabla, 1460.

LOS PAÑALES
Leopoldo Lugones
(Argentina)

La Virgen sale a tender
los pañales de su Niño
que lavó por mano propia
mientras estaba dormido.
En todo el campo a la vista
no hay más que tres arbolitos
que no dan fruto ni flor
y que llaman los usillos,
pues dicen quienes lo saben,
que de su palo amarillo,
sacaban las hilanderas
husos al uso debido.
Perdonen los que escucharen,
la escritura y el estilo,
como ruegan las posdatas
que asientan los campesinos.
Al fin, con hache o sin ella,
la explicación da lo mismo.

Son tres arbolitos tristes,
pálidos e inofensivos
con que a los humildes lienzos
no habrán de causar perjuicio.
Y mientras que se va oreando
en sus ramas el tendido,
les daré otros de sus nombres
pues tienen varios distintos.
No me tachen de cargoso
que no pasarán de cinco:
usillo entre los cuyanos,
palo amarillo, está dicho,
azahar del campo en el Norte,
cedrón en el Entre Ríos.
Y en Córdoba palo de ángel,
que a mi ver es el más lindo,
con mayor razón, por cierto,
si uno conoce el motivo.

Ya bien secos los pañales,
para alzarlos se hallan listos.
Mas, cuando Nuestra Señora
recogerlos ha querido,
cata ahí que debajo de ellos,
con devoto regocijo,
viene y encuentra los gajos
todos de blanco floridos,
como cándidos encajes
de punto de lino fino,
que daban una fragancia
que arrobaba los sentidos.
Desde entonces florecieron
y para siempre benditos.
Y como que se acordaran
de dónde la flor les vino,
cuando más lozana la echan
es después de haber llovido.
Con que parece que a orearse
ponen de nuevo el hatillo.

Y para acabar la historia,
no hallarán mal si les digo
que de alú sacan las abejas
la miel de sabor más rico.

Así la coseche quien
de gustarla sea digno.

La Virgen y el Niño con santa Catalina de Siena y los ángeles, técnica mixta sobre tabla, h.1490.

NUESTRA HERMANA MAYOR
Azarías H. Pallais
(Nicaragua)

Quedamos huérfanos; pero
encendió Nuestro Señor,
su matutino lucero,
en Nuestra Hermana Mayor.

Una lámpara encendida,
mi hermana. Si hubieras visto,
cómo brilló nuestra vida.
Cómo, por la luz de Cristo,
alcanzamos transparencias
de alabastro. Matutina
y deslumbrada la ciencia
-muy columna bizantina-
de los ojos, en glorioso
camino de Perfección.

Fíjate qué luminoso
signo de comparación
de una ciudad en la cumbre.
Déjame, querida hermana
María, que me deslumbre
en tu claridad cristiana.

Sagrada Familia del pajarito, Bartolomé Esteban Murillo, óleo sobre lienzo, h.1650.

RETABLO
Luis Felipe Contardo
(Chile)

Ya José, terminada del día la faena,
en el umbral enjuga de su frente el sudor;
y la Virgen María, para la parca cena,
las escudillas lava con sus manos en flor.

De la luna que nace, la claridad serena
envuelve la casita, dulce nido de amor;
en el huerto inmediato hay olor de azucena
y aleteos de tórtolas y agua que hace rumor…

Y adentro… -¿cayó acaso de la altura un lucero?-
como una palomita que se acoge al alero
para esperar del día nuevo la nueva luz;
como un lirio que pliega, para soñar, su broche;
encanto de los cielos, sol que alumbra la noche,
en su pequeña cuna duerme el Niño Jesús…

Inmaculada, Francisco de Zurbarán, óleo sobre lienzo, 1630.

ORACIÓN
José Joaquín Pesado
(México)

A ti, Señora poderosa y santa,
desfallecida el alma y sin aliento
dirige su plegaria, a ti levanta
su doloroso acento.

Si a negra tempestad vuelves los ojos,
el cielo al punto muéstrase sereno,
el piélago refrena sus enojos,
calla el rugiente trueno.

El fiero querubín, que un tiempo pudo
los cielos escalar, tú lo encadenas:
del pueblo religioso eres escudo,
y del valor lo llenas.

¿Quién eleva a tu trono su querella,
que socorro no encuentra en ti, María?
Eres astro de luz, del mar estrella,
que a la salud nos guía.

Eres prenda feliz, arca de alianza,
del triste pecador dulce consuelo,
anuncio de la paz y la esperanza,
eres puerta del cielo.

En sombras y dolor vago perdido,
a mi auxilio, Señora, ven aprisa;
contra mí el enemigo enfurecido
de maquinar no cesa.

Ten de mí compasión en aquella hora
cuando próximo el término a la vida,
el alma desdichada gime y llora
pensando en la partida.

Un lugar tenebroso se la espera:
de pecados y errores cuenta larga
castigo que las penas exaspera,
de Dios ausencia amarga.

¡Ah! que tu llanto, ante la cruz vertido
no sea inútil, ¡oh, Madre de piedades!
Bálsamo sea del corazón herido
y limpie mis maldades.

Misterio católico, Maurice Denis, óleo sobre tabla, 1889.

AL TOQUE DEL ÁNGELUS
Policarpo Artaza
(Paraguay)

El sol que se esconde
incendiando las crestas del cerro.
La luz del crepúsculo
que envía en sus rayos el último beso.
La penumbra que envuelve mi estancia
y en la sombra el fantasma de un sueño…

En las viejas torres las viejas campanas
que entonan el Ángelus. Elevo
mi humildosa oración a tu imagen
que adorna mi alcoba de pobre bohemio…

Y al mirar tus ojos
profundos y claros, de raro misterio,
evoco mis dichas
que van resurgiendo
en la faz velada de un íntimo espejo…

En las viejas torres sonar de campanas,
y en mi alma mil ritmos diversos…

La Natividad, Bernardino Butinone, temple y óleo sobre tabla, 1493.

EL BURRITO SANTO DE LA VIRGEN
Juana de Ibarbourou
(Uruguay)

Borriquito blando de la Virgen María,
manso borriquito, que llevó a Jesús
con su Santa Madre, que al Egipto huía,
una noche negra sin astros ni luz.

¡Lindo borriquito de luciente lomo!
Hasta el niño mío te venera ya
y dice, mirando tu imagen en cromo:
¿Es el de la Virgen que hacia Egipto va?

¡Dulce borriquito, todo mansedumbre:
Nunca a tus pupilas asomó el vislumbre
más fugaz y leve del orgullo atroz;
y eso que una noche sin luna ni estrellas
por largos caminos dejaste tus huellas,
llevando la carga sagrada de Dios!

Sagrado Corazón, Maurice Denis, óleo sobre lienzo, 1916.

TRISTEZA EN FORMA DE EVOCACIÓN
Rosendo Villalobos
(Bolivia)

Cuando de la vida
la corriente rauda
reflejando lleva
dichas que se acaban;

cuando el desencanto
se adueña del alma
y el dolor insomne
vela nuestra estancia;

cuando en las vigilias
la aurora esperada
medir más nos hace
nuestra suerte infausta;
entonces, ¡oh, entonces!
¡Oh, Virgen amada!

Te invoco en mi anhelo
y caigo a tus plantas,
y al sentir que llegas,
que hasta mí avanzas,
de lo hondo del pecho
surge la esperanza.

¡Virgencita mía!
¡Mi Musa adorada!
Tú al paso me cierras
heridas del alma.

Quien sienta tu influjo
verá que sus ansias
de aromas de olvido
tu mano embalsama.

La fe que se ausenta,
la duda que mata,
de un mundo más grato
las vagas nostalgias.

Hasta el vano orgullo
que en su ser entraña
quien se creyó digno
de erguir frente osada;
todo cuanto es noble
y engrandece y alza:
la bondad y el genio,
la virtud, la fama,
la verdad, el arte:
su esfuerzo y su audacia;
todo lo acrisolas
de tu fe ante el ara.

La Virgen de la aldea, Marc Chagall, óleo sobre lienzo, 1938-1942.

LA DULZURA DEL ÁNGELUS
Rubén Darío
(Nicaragua)

La dulzura del ángelus matinal y divino
que diluyen ingenuas campanas provinciales
en un aire inocente a fuerza de rosales,
de plegaria, de ensueño de virgen y de trino
de ruiseñor, opuesto todo al rudo destino
que no cree en Dios… El áureo ovillo vespertino
que la tarde devana tras opacos cristales
por tejer la inconsútil tela de nuestros males
todos hechos de carne y aromados de vino…

Y esta atroz amargura de no gustar de nada,
de no saber a dónde dirigir nuestra proa,
mientras el pobre esquife en la noche cerrada
va en las hostiles olas huérfano de la aurora…
(¡Oh, suaves campanas entre la madrugada!)

La Anunciación, Fra Angelico, temple sobre tabla, 1425-1426.

ANUNCIACIÓN
Luis Enrique Sendoya
(Colombia)

Vos sois la zarza divina
que verde se conservó
Lope de Vega

Ciñó su frente de aroma
callada ronda de salmos
y el alba vino del cielo
y el cielo estuvo en el campo.

San Gabriel traía el mensaje,
la Virgen estaba orando:
desde su huerto bendito
creció la vara del Santo.

La lumbre de la mañana
cubrió el jazmín de las manos
y el rostro vivo entre llamas
era la llama del Salmo.

Ya viene la Niña
de la blanca flor
con la pura veste
que le ciñe amor.

Ya viene cantando
diáfana de sol,
casi confundidos
lumbre y arrebol.

Mirad cómo el cielo,
curva su esplendor,
cómo los luceros
apagan su voz
cuando va la Niña
de la blanca flor.

Canta primavera,
trina ruiseñor,
rostro de las fuentes
mirad su candor.

Pascua de los lirios,
laúdes de Sión,
rosas del divino
Valle de Sarón.

Todos a la Niña
de la blanca flor
decid que su carne
no la mire el sol.

Detalle del ábside de Santa María de Taüll, fresco transferido a lienzo, h. 1123.

ORACIÓN A MARÍA
Eliseo Jiménez Sierra
(Venezuela)

Maduro está para tu hoz de cielo
mi trigo espiritual. Siégalo ahora
que tiene cada espiga en paralelo
con el más alto soplo de la aurora.

Transfigúralo en luz, en pan, en vuelo.
Condúcelo al destino del que implora,
a la senda del niño sin consuelo
y al beso de la tórtola, Señora.

Enciéndele tu Gracia. Magnifica
su pequeñez: desde la mesa rica
a los burdos manteles de la aldea.

Y déjame en el signo de la mano,
para la mies futura sólo un grano:
el de la Fe sin manchas. Así sea.

La Virgen del árbol seco, Petrus Christus, óleo sobre tabla, h. 1465.

LA PROCESIÓN
(Fragmento del Capítulo III de “Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquía”.)
Gregorio Gutiérrez González
(Colombia)

Hoy es domingo. En el vecino pueblo
las campanas con júbilo repican;
del mercado en la plaza ya hormiguean
los campesinos al salir de misa.

Hoy han resuelto los vecinos todos
hacer a la Patrona rogativa,
para pedirle que el verano cese,
pues lluvia ya las rosas necesitan.

De golpe el gran rumor calla en la plaza,
el sombrero, a una vez, todos se quitan…
Es que a la puerta de la iglesia asoma
la procesión en prolongada fila.

Va detrás de la cruz y los ciriales
una imagen llevada en andas limpias,
de la que siempre, aún en imagen tosca,
llena de gracia y de pureza brilla.

Todo el pueblo la sigue, y en voz baja
sus oraciones cada cual recita,
suplicando a los cielos que derramen
fecunda lluvia que la tierra ansía.

Hay algo de sublime, algo de tierno
en aquella oración pura y sencilla,
inocente paráfrasis del pueblo
del “danos hoy el pan de cada día”.


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