MORANDI

A mi hermana Claudia

«Sometidos al tiempo, mudamente dialogan.»
Juan Lamillar

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1938.

Hace mucho tiempo que deseo hacer este artículo, pero la vida me ha ido distrayendo con ofertas atractivas que me han alejado de los compromisos que establezco conmigo misma. Ahora, que el coronavirus me ha recluido en casa, he ido a mi lista de asuntos pendientes y en ella estaba Giorgio Morandi (1890-1964), el pintor de las metáforas encerradas en frascos de cristal.

Hoy beberemos de las jarras morandianas. Hoy vamos a comprobar, a través de grabados y pinturas, que todo aquello que puede parecer insignificante, por su poco valor monetario o por su uso ordinario, no lo es tanto, pues cada cosa está sujeta a la teoría de la relatividad.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1964.

Todo tiene valor en las manos adecuadas. Un cofrecillo de mercadillo que un enamorado regala a su amada tiene más valor para ella que el perfume más caro exhibido en el escaparate más elegante del barrio de Salamanca. Esta gran verdad es la que Morandi quiso difundir a través del silencio que silba en su pintura -el arte puede permitirse cualquier licencia.

Los objetos pintados por Morandi no son objetos sin más, aunque parezcan envases ordinarios colocados con meticulosidad sobre fondos limpios. Una de las grandes verdades de la vida, verdad que lo es porque se sustenta en la experiencia humana, es que las apariencias engañan. Este convencimiento, sustentado en la realidad, es uno de los principios de la creatividad artística. Las composiciones del boloñés son espejos donde se reflejan los estados anímicos del pintor. Esa es la manera en la que las piezas cobran vida.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1948-1949.

Los utensilios usados por Morandi (casi siempre relacionados con la cocina) dejan de ser objetos de uso cotidiano para convertirse en pintura. De hecho, su obra ocupa un puesto relevante en el género del bodegón.

¡Ah!, pero esa pincelada difusa y pastosa se aleja de la intencionalidad del bodegón barroco, punto de fuga de los artistas de finales del XVI y principios del XVII que buscaban evadir los conflictos sangrientos provocados por reformistas y contrarreformistas -huir del arte religioso llevó al género bodegonístico y de escenas cotidianas.

El bodegón morandiano es la manifestación del arte por el arte y del arte de la contemplación; y lo único que comparte con el Barroco es el gusto por lo corriente y la reducción del cromatismo.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1931.

¿Puede pintarse el silencio? ¿Acaso, el silencio tiene forma? Para Morandi, el silencio tiene forma, línea y color. Tiene la forma de las cosas sencillas y sin aparente valor.

Los cacharros de cocina, los paisajes, las puchas de flores de estación o las flores de tela -mejor si son de seda- sirvieron de vehículo al pintor para dar estructura a la mudez.

Dibujo, tinta sobre papel, 1948.

La pintura morandiana muestra composiciones plácidas; pero no se trata de una calma inmóvil, sino de la calma que antecede a las vibraciones que lo que contemplamos provoca. No sé cómo expresar ese destello que separa el pensamiento de la acción; pero lo que no se puede describir con palabras muchas veces tiene la posibilidad de expresarse a través de una imagen plástica. Esa es la imagen visual que nos ofrece el artista.

Los objetos que pinta una y otra vez, al perder su carácter primario, al apropiarse del ánimo del pintor, consiguen traspasar la barrera que separa lo real de lo inmaterial. Quien contempla su obra descubre, en esa jarra de latón, el alma del boloñés.

Flores, óleo sobre lienzo, 1942.

Morandi fue un hombre dedicado a su arte y a sus hermanas. No se casó y apenas salió de su ciudad natal. En el piso que heredó de sus padres construyó su taller, en la habitación del fondo, la que daba a un patiecito interior. Podría decirse que Morandi, como el poeta y escritor cubano José Lezama Lima, viajó por el arte a través de los libros, las revistas y las estampas. Y, sin embargo, su obra marcó a su generación y a los que llegaron cuando él a la tierra volvió. En España, por ejemplo, brilló como el sol.

Giorgio Morandi fue fuente de inspiración para pintores y poetas. Aquí van tres ejemplos de su huella más allá de Bolonia.


Naturaleza muerta o Sifón y botella de ron, Salvador Dalí, óleo sobre lienzo, 1924.


Bodegón Morandi, Manolo Valdés, piedra, 1985.

MORANDI
Severo Sarduy

Una lámpara. Un vaso. Una botella.
Sin más utilidad ni pertenencia
que estar ahí, que a dar a la conciencia
un soporte casual. Mas no la huella

del hombre que la enciende o que la usa
para beber: todo ha sido blanqueado
o cubierto de cal y nada acusa
abandono, descuido ni cuidado.

Sólo la luz es familiar y escueta,
el relieve eficaz; la sombra neta
se alarga en el mantel. El día quedo

sigue el paso del tiempo con su vaga
irrealidad. La tarde ya se apaga.
Los objetos se abrazan: tienen miedo.

Visto los ejemplos, sigamos. Volvamos al pintor.

No hay nada en su paleta de los azafranados locos que Vincent van Gogh (1853-1890) hurtó a los fauves. Tampoco hay muestras de arrebato expresionista. No hay nada de retórica, ni de melodrama, ni de violencia, ni de sátira, como puedes comprobar. En Morandi todo está pensado, no hay sitio para el azar dadaísta. El espacio está reservado para la geometría y el orden.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1949.

Naturaleza muerta, óleo sobre tabla, 1920.

Entonces, ¿es su obra distante y fría? No, al menos para mí; porque, para mí, pocas imágenes hay más poéticas que las que revela un lago quieto.

Nada de lo que el agua refleja es. Nada, porque todo lo que en la balsa veo… ¡está en mi cabeza! No es la rama del sauce llorón la imagen que el lago acuna, porque la rama… ¡está en el árbol! No es la sombra de un pez la que se desliza en el agua porque, en mi mente fantasiosa, esa sombra bien puede ser la imagen oscura del monstruo del lago Ness.

La imagen del lago es la de mi pensamiento. La superficie del lago es como el espejo atravesado por la Alicia de Carroll, es la invitación a una aventura mágica.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1951.

Flores, óleo sobre lienzo, h. 1953.

Antes de llegar a la conclusión de que no había género más adecuado para desarrollar sus ideas que el bodegón, Morandi incursionó en la temática paisajística y de flores. Y lo hizo utilizando la acuarela y el grabado, fundamentalmente. Sin embargo, hay tres hebras que se trenzan para unir el principio y el final de su producción. Estas son:

1. El carácter neutral del objeto o paisaje que le sirve de modelo.

2. La carga emocional que él, hombre-artista, aporta al prototipo -al traspasar su identidad al objeto lo salva de su desamparo.

3. La ecuación utilizada: Forma (línea sin cartabón) + color (mate) + espacio + luz (sin contrastes).

La casita del pórtico y el ciprés, grabado, 1924.

El escritor español Andrés Trapiello (1953) decía que Morandi pintó «tres cuadros: un bodegón, un paisaje y un jarrón».

¿Es cierto? Bueno, según cómo se mire. A simple vista, el arte morandiano puede parecer repetitivo o, lo que es lo mismo, aburrido. Yo no estoy de acuerdo con Trapiello, pues considero que una pieza que lleva, como la última pincelada que se le aplica, el alma de quien la crea provoca en el espectador cualquier sensación menos la desgana.

Los cuadros de Morandi son un archivo de melancolías construidas con ayuda de la metafísica -la metafísica a la que Giorgio de Chirico (1888-1978) otorgó una simbología visual.

Naturaleza muerta, Giorgio de Chirico, óleo sobre lienzo, 1929.

Naturaleza muerta, Morandi, 1918.

El efecto que consigue Morandi con su técnica es el del congelamiento de la imagen representada. Es así como alcanza una impresión mística.

Esta característica está presente en todos los pintores de entreguerras italianos; pero a diferencia de aquellos, que sí estaban interesados en trabajar con la figura humana, Morandi se inclinó por los paisajes y bodegones, como he dicho antes.

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1951.

Algunas particularidades de la obra de Morandi:

* Los elementos representados, sin perder la identidad original, deben ofrecer una imagen de conjunto -como las voces de un coro.

* Composición armónica, sobria y lineal.

* Efecto de inmovilidad.

* Pintura figurativa y teatral -huye del abstraccionismo.

* Luz cálida y vaporosa.

* Color: Predominio de grises y beige con toques de tonos vivos.

* Armonía cromática.

* Pincelada pastosa y difuminada que crea texturas ásperas.

* Simplificación de las formas.

* Composición realista y ordenada.

* Catarsis a través de la forma.

* Fondos limpios.

* Diferentes composiciones con los mismos elementos.

* Ausencia de trazo delineado -al no definir el objeto este pierde su naturaleza industrial, se vuelve enigmático.

* Preparación de los lienzos: antes de comenzar les daba capas de colores vivos; sobre esas capas pintaba con grises, blancos y marrones.

* Preparación de los objetos: antes de pintar les daba una pátina a las botellas, vasos, cajas, cestillos…

Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 1949.

A partir de 1928, Morandi dejó de pintar paisajes, retratos y autorretratos. A partir de entonces descubrió que lo que le interesaba no era reflejar en los soportes los cambios producidos en los modelos en los que se inspiraba, sino reflejarse a sí mismo. Y así llegamos a la razón de las vajillas, cajitas, frascos y demás modelos inanimados de sus lienzos, cosas que le sirvieron de espejos y a las que otorgó el don de la elegía.

Y llegamos, también, a aquellos pintores en los que se inspiró; como Francisco de Zurbarán (1598-1664), Francisco de Goya (1746-1828) o Jean-Baptiste-Siméon Chardin (1699-1799), de quien escribió: «Nunca dependió de efectos del trampantojo, sino que, por el contrario, con sus pigmentos, formas, su sentido del espacio y su matière, como lo llaman los críticos franceses, logró sugerir un mundo que le interesaba a él personalmente».

Otros artistas que influyeron en Morandi fueron Giotto, Ucello, Masaccio, Corot, Vermeet, Cezánne y el grupo que dio vida al cubismo y al futurismo. En varias ocasiones, el boloñés reconoció la deuda que contrajo con todos ellos.

Veamos cuatro cuadros de pintores que lo entusiasmaron.

Bodegón con almirez, cántaro y caldero de cobre, Chardin, óleo sobre lienzo, 1728-1732.

Bodegón con cacharros, Zurbarán, óleo sobre lienzo, h.1650.

Naturaleza muerta, tres filetes de salmón, Goya, óleo sobre lienzo, 1808-1812.

Botella, garrafa, jarro y limones, Cézanne, acuarela sobre papel, 1902-1906.

Naturaleza muerta, Morandi, óleo sobre tabla, 1956.

La entrada de hoy es mi humilde homenaje a un pintor que con cuatro frascos de cristal, algunos vasos de zinc y algunas jarras de barro logró transmitirme la intemporalidad y el misterio de la belleza, porque la belleza no es algo que se pueda asir -las cosas son bellas no por su forma, sino por la manera en que las miramos. No hay belleza que escape al escudriño del alma. Por eso, lo que para mí es bello puede que para ti no lo sea tanto.

Decía Roberto Longhi (1890-1970), historiador de arte y amigo personal de Morandi, que la intención del maestro de bodegones italiano era buscar «dentro y no fuera de uno mismo».

ENLACES RELACIONADOS

El arte de entreguerras en Italia (1917-1933). Retorno a la belleza.

Las escenografías pintadas de Giorgio De Chirico.

El nacimiento de la pintura moderna en Italia: el Divisionismo y el Futurismo y los pintores más representativos.

El cementerio marino (Paul Valéry). Dibujos de Gino Severini para el poema.

Max Beckmann. Mi pintura. Texto íntegro.

Marc Chagall, el pintor bígamo, el de los dos amores: Vitebsk y París.

La pintura de Edvard Munch.

Cerámicas y esculturas de Marc Chagall acompañadas del poema “Como un bárbaro”.

Balthazar Klossowski de Rola. Balthus, el tiempo y la fugacidad.


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