NICANOR PARRA

«Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa.»

Cuando llegué a Chile comenzaba mi andadura por el exilio, era una joven perdida en un mundo deseado y extraño para mí.

Nicanor Parra fue la primera persona que visité en Santiago; por aquel entonces, él residía en La Reina, cerca de la cordillera. El poeta, al enseñarme su casa, me mostró un parterre alfombrado de violetas que era más que un jardincillo, era, tal como él lo explicaba, un pequeño claustro en recuerdo de su hermana. Y por esa razón, porque Violeta estuvo siempre presente en nuestras conversaciones, es que he decidido reunir en un mismo espacio la poesía de Nicanor con la colorida artesanía de su hermana.

Los poemas del Premio Cervantes y las composiciones elaboradas con yutes, barros, óleos y un sinfín de diversos materiales no tienen entre sí ninguna relación conceptual. Pero tengo una explicación para esta unión, una más poderosa, una capaz de sobreponerse a toda lógica formal, y esa explicación es el amor fraternal que se tuvieron la «Dulce vecina de la verde selva» y el hombre que se definió a sí mismo «¡como un embutido de ángel y bestia!»

Nicanor Parra, gracias por tu poesía y por tu generosidad en un momento en el que la inquietud me consumía. Viejito guapo, descansa en paz.

firma gabriela4

PREGUNTAS A LA HORA DEL TÉ

Este señor desvaído parece
Una figura de un museo de cera;
Mira a través de los visillos rotos:
Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,
¿Vale más el arroyo que se mueve
O la chépica fija a la ribera?
A lo lejos se oye una campana
Que abre una herida más, o que la cierra:
¿Es más real el agua de la fuente
O la muchacha que se mira en ella?
No se sabe, la gente se lo pasa
Construyendo castillos en la arena.
¿Es superior el vaso transparente
A la mano del hombre que lo crea?
Se respira una atmósfera cansada
De ceniza, de humo, de tristeza:
Lo que se vio una vez ya no se vuelve
A ver igual, dicen las hojas secas.
Hora del té, tostadas, margarina.
Todo envuelto en una especie de niebla.

Cristo en bikini.

SOLO DE PIANO

Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el Dios mismo no es otra cosa que Dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino que para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

Hombre con guitarra.

EPITAFIO

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
—Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida—
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

El circo, 1961.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Qué te parece valdrá
la pena matar a Dios
a ver si se arregla el mundo?
—claro que vale la pena
—¿valdrá la pena jugarse
la vida por una idea
que puede resultar falsa?
—claro que vale la pena
—¿pregunto yo si valdrá
la pena comer centolla
valdrá la pena criar
hijos que se volverán
en contra de sus mayores?
—es evidente que sí
que no
que vale la pena
—Pregunto yo si valdrá
la pena poner un disco
la pena leer un árbol
la pena plantar un libro
si todo se desvanece
si nada perdurará
—tal vez no valga la pena
—no llores
—estoy riendo
—no nazcas
—estoy muriendo.

Árbol de la vida.

IMAGEN DE MI PADRE

Yo tenía un fiel amigo
de lento mirar cansado
triste como un jardinero
y puro como un relámpago.

Tenía las manos suaves
como el corazón de un pájaro
al andar casi danzaba
y hablaba casi cantando.

Como ríos paralelos
vagábamos por los campos
yo lo confundía a veces
con la sombra de algún árbol.

El cielo que lo cubría
no podía ser más alto
y el nardo azul de su alma
no podía ser más nardo.

Si hubiera sido de agua
¡qué compañero tan claro!
serenos como sus ojos
nunca se verán dos lagos.

Amigo dulce dormido
que nunca será olvidado
ni en el día en que se cierren
para mí todos los astros.

La cantante calva, 1960.

EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Thiago de Mello.

DEFENSA DE VIOLETA PARRA

 Dulce vecina de la verde selva
Arpillerista azul, verde y granate
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.
Chillaneja locera y costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa.

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Puesto que siempre has sido lo que eres
Ánfora plena.

Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada.

Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas.

Ni bandurria ni tenca ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva
Tú, solamente tú, tres veces tú
Ave del paraíso terrenal.

Charagüilla gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte.

Pero resulta que los secretarios
andan con la cabeza para abajo
Y te declaran una guerra a muerte Violeta Parra.

Porque tú no te compras ni te vendes
Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú nos aclaras en el acto
Viola volcánica

¡Porque tú los aclaras en el acto!
Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu espíritu sopla cuando quiere
Aguas arriba!

Cómo van a quererte me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece?

En cambio tú, Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana.

¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Violeta Parra.

Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe adónde va
Perfectamente.

Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra.

Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y digo lo que eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra.

Yo te conozco bien hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!

Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra.
Los veteranos del Setenta y nueve
Lloran cuando te oyen sollozar
En el abismo de la noche oscura
¡Lámpara a sangre!

Cocinera, niñera, lavandera
Niña de mano, todos los oficios
Todos los arreboles del crepúsculo
Viola Parra.

Yo no sé qué decir en esta hora
La cabeza me da vueltas y vueltas
Como si hubiera bebido cicuta
Hermana mía.

Dónde voy a encontrar otra Violeta
Aunque recorra campos y ciudades
O me quede sentado en el jardín
Como un inválido.

Para verte mejor cierro los ojos
Y retrocedo a los días felices
¿Sabes lo que estoy viendo?
Tu delantal estampado de maqui.

Tu delantal estampado de maqui.
¡Río Cautín!, ¡Lautaro!, ¡Villa Alegre!
¡Año mil novecientos veintisiete
Violeta Parra!

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar, a bailar, a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más, una canción
Es lo que pido.

Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra.

ENLACES RELACIONADOS

“La víbora”. Poema (Nicanor Parra).

Gabriela Mistral. Poemas.

Joaquín Gabaldón Márquez. Poemas y unas palabras de Miguel Otero Silva.

Manuel Díaz Martínez: “Sobre la poesía.”

Rafael Alcides Pérez. Poemas. Y “Rafael Alcides y el hombre común” de Manuel Díaz Martínez.

Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio (1959-2002).

Belkis Cuza Malé. Poemas. Pintura.


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