“Y llegará el día en que dominará el olvido”.

Estudio de manos, Joaquín Sorolla, carboncillo sobre papel, h.1889.

INTENTO DESESPERADO

Salió al amanecer para recoger las ramas que las primeras olas de la mañana arrojan sobre la arena. Quería calentar el hogar con ellas, pues había olvidado que de madera húmeda no nace llama.

EL HOMBRE EN CASA

Se queda quieto, desconsolado, aturdido; tiene las manos entrelazadas, el ceño fruncido y los finos labios apretados.

El fuego no arde.

El agua, atrapada en los pequeños troncos, es más poderosa que todas las cerillas encendidas que en vano acerca a la estufa.

Y el ser desolado llora.

OLVIDO.

Comprende, ¡por un segundo, un halo de lucidez lo envuelve!

Nada queda de su dorada infancia: ni la voz de la madre, ni el abrazo del padre, ni la rayuela, ni  los palitos chinos, ni la gallina ciega… Ni juegos, ni alegrías, ni quejas. Ni amores de juventud, ni experiencias fracasadas, ni deseos por cumplir.

Agotado, el hombre se deja caer en la butaca para adentrarse en la senda silenciosa del olvido. Tiene los brazos caídos, la mirada perdida, las babas colgando y la mente en blanco.

Un segundo aún le queda para sentir cómo la brisa marina cose para él un traje con lentejuelas de sal.

firma gabriela6


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