“El misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte.”
Oscar Wilde


Alla Nazimova y Charles Bryant.

Imaginativa, poderosa, extravagante, irónica. ¿Qué puedo decir de la versión cinematográfica Art déco del drama en un acto escrito por Oscar Wilde en 1891, en París? ¿Qué puedo decir del largometraje Salomé? Poco, la fuerza de esta película muda, estrenada en Estados Unidos en 1923, es superior a cualquier comentario. Salomé pertenece a ese tipo de obra de arte que sólo se deja juzgar por quien tiene contacto directo con ella.

En Salomé  se reúnen tres mujeres excepcionales: el personaje femenino de Wilde, el de ficción, y las dos artistas que hicieron posible esta película que se encuentra en el inventario de las grandes obras del cine mudo estadounidense. Salomé es la primera película norteamericana de arte independiente.

Con la ayuda de la luna, que encarna la seducción, el rechazo y la muerte -luna, por cierto, que va cambiando de tonos en la medida en que el drama avanza-, la hermosa protagonista da rienda suelta a su egoísmo, su lujuria, su pasión, su maldad. Salomé es una mujer en la plenitud de su vida atrapada en un mundo que la aburre. ¡Qué personaje tan intenso el de Oscar Wilde!

Alla Nazimova y Natacha Rambova.

Bajo la dirección del británico Charles Bryant (1879-2013), casado por entonces con Alla Nazimova, productora y actriz principal de la película, se llevó por vez primera al cine el drama del escritor, poeta y dramaturgo irlandés. Pero este proyecto, que en los créditos señala a un hombre como director, fue, realmente, obra de dos mujeres que tuvieron la suerte de formar parte, durante un tiempo de sus vidas, de los Ballets Rusos del innovador Sergei Diaghilev (1872-1929).

Alla Nazimova (1879-1945), quien fue alumna y actriz de Konstantín Stanislavski (1863-1938), y Natacha Rambova (1897-1966), quien fue bailarina destacada de los ballets de Theodore Kosloff, escenógrafa y diseñadora, son las responsables del filme Salomé. Ambas, junto con el famoso actor de cine mudo Nigel de Brulier (1877-1948), encargado de dar vida a Yokanaán (Juan el Profeta), hicieron del largometraje que hoy les dejo aquí una película para no olvidar. Una película que logra, incluso, transmitir el humor  presente en el texto de Wilde.

Escena de la película.

Oscar Wilde (1854-1900) se propuso en Salomé dibujar una  obsesión que devora. Para ello construyó el siguiente argumento:

Salomé, hijastra de Herodes, abandona el banquete que ofrece su padrastro y sale a la terraza del palacio, donde tiene lugar toda la historia. Salomé escucha predicar a Yokanaán, que se encuentra preso por Herodes en una vieja cisterna. La princesa, intrigada por la situación, exige ver al profeta, mas los soldados tienen la orden de no dejarlo salir de su encierro. Salomé discute. Salomé se impone. Salomé consigue ver a Yokanaán. Salomé, arrebatada, quiere besarlo. Pero el profeta, tentando en un comienzo por la belleza y juventud de la muchacha, la repudia por ser hija de una mujer deshonesta. Salomé muestra su cólera.

Entran en escena Herodes, Herodías, madre de la princesa, y la corte. Herodes le suplica a Salomé que baile una danza sensual para él y le promete, a cambio, concederle lo que le pida. Salomé baila la Danza de los siete velos y, al terminar, exige la cabeza de Yokanaán. Herodes se escandaliza y se niega, pues cree que su preso es un santo, que es la voz del Señor la que se manifiesta a través de él. Ella exige el cumplimiento de la palabra dada. Al final, el gobernador de Judea da la orden y es entregada a Salomé la cabeza de Yokanaán en una bandeja de plata. Salomé coge la cabeza decapitada y besa con pasión los labios fríos del predicador. Salomé ve realizada su venganza. Entonces, Herodes, que está perdidamente enamorado de su hijastra, ordena matarla.

Nigel de Brulier interpretando a Yokanaán.

(Curiosidad: En las Obras Completas de Oscar Wilde, editadas en la antigua Aguilar, Julio Gómez de la Serna, traductor y prologuista de los textos ahí recogidos, nos comenta que el personaje de Wilde está inspirado en una cabeza de yeso que se encontraba en uno de los salones del escritor simbolista Jean Lorrain. Se trataba de un busto que representaba a una santa decapitada. La anécdota fue contada por el propio Lorrain a una revista de la época.)

En esta película-espectáculo todas las artes se entrelazan: el teatro, la danza, la música, la pintura y, por qué no, el circo -veo el personaje de Herodes concebido como un clon-. La puesta en escena, en la que luchan a brazo partido Eros y Tánatos, refleja el concepto wagneriano de obra de arte total.

Hay también en la película una alianza de movimientos artísticos; pues si el vestuario está inspirado en las ilustraciones Art Nouveau que para la primera edición inglesa del drama de Wilde hizo el exitoso dibujante Aubrey Beardsley en 1894, los decorados son Art déco, estilo entonces en boga –Art Nouveau y Art déco tienen a confundirse, pero son movimientos diferentes.

Mitchell Lewis interpretando a Herodes.

La alianza entre las artes se puso de moda a principios del siglo XX. Las artes escénicas y las artes plásticas fueron aliadas hasta los años treinta de dicho siglo. Pintores como Malévich, Picabia, Picasso, Tatlin, Grosz, Popova, Delaunay… participaron en los diseños de vestuarios, carteles y escenografías para teatros, películas, ballets y circos. En esta comunión entre las artes tuvo mucho que ver Diaghilev.

Sergei Diaghilev revolucionó el mundo del espectáculo al integrar todos los elementos que participan en él, al ofrecer al espectador un resultado armónico, una obra en su conjunto, cualidad que apreciamos en el largometraje Salomé. Diaghilev, con sus escenografías, coreografías y vestuarios, dio nueva vida al ballet.

Rose Dione en el papel de Herodías.

El equipo Nazimova-Rambova consiguió mantener el alma de la obra de Wilde, claramente en contra del realismo y del naturalismo. Rechazaron los telones de fondo y las escenografías pintadas y academicistas y las sustituyeron por un espacio sencillo de paleta blanca, negra y gris; un espacio donde el actor tiene un rol fundamental -es impresionante el lenguaje gestual.

Hay que destacar el trabajo de Natacha Rambova como asistente de dirección, como decoradora, como figurinista, como maquilladora. Hay que señalar los efectos de luz que consigue utilizando metales cromados -muy Art déco-. Son espectaculares  los trajes, los tocados, las pelucas, los peinados. Pero, ¡Dios!, esa peluca de perlas tornasoladas de la Nazimova bien vale una misa.

No olvidemos que Salomé fue rodada en 1923.

Alla Nazimova en el papel de Salomé.

El largometraje no tuvo el éxito que se esperaba. Los norteamericanos no la entendieron. De haberse producido en la Europa de los ismos hubiese recibido la aclamación que merecía.

En realidad, Salomé siempre estuvo perseguida por la incomprensión. Esta obra, que enfrenta al amor y a la muerte, fue la ruina de la productora de Alla Nazimova. Por no hablar del intento frustrado de Sarah Bernhardt (1844-1923), quien estuvo ensayando el papel de heroína en vano, pues la puesta en escena fue censurada en Londres por considerarse un verso libre de la Biblia. Salomé fue estrenada en París en 1896; por cierto, con cartel publicitario de Toulouse-Lautrec (1864-1901). La ópera que Richard Strauss (1864-1949) escribió, inspirado en el drama de Wilde, también vivió su propio vía crucis. Prohibida en Viena, fue estrenada en Dresde en 1905.  Y en Londres, Salomé tuvo que esperar al año 1931 para su estreno en el Savoy Theatre.

(Curiosidad: Se afirma que Alla Nazimova exigió que todo el elenco de la obra fuera gay en homenaje a Oscar Wilde. Alla Nazimova y Charles Bryant eran homosexuales. En Salomé, las cortesanas de Herodes son hombres travestidos.)

Earl Schenck en el personaje del paje de Herodías y Arthur Jasmine interpretando a el Joven Sirio (capitán de la guardia).

Antes de dar paso a esta historia sobre el poder enajenante de la obsesión, me gustaría llamar la atención sobre el papel de la música en el largometraje. La música se incorporó a la película en el año 2003. La banda sonora, que incluye instrumentos como yembés, sistros, crótalos, flautas, tambores, tibetanos…, fue compuesta por Marc-Olivier Dupin, Carlos Garza y Rich O’ Meara, músicos que participaron en la Silent Orchestra, proyecto enfocado a poner sonido musical a las películas mudas.

¡Qué espectáculo visual nos brindan esas dos estrellas incomprendidas del Hollywood de los años 20! ¡Cómo se entrelazan drama y poesía en las coreografías de la Salomé vanguardista de Nazimova y Rambova!

“Besaré tu boca, Yokanaán, besaré tu boca”.

SALOMÉ, LARGOMETRAJE

ENLACES RELACIONADOS

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