OSKAR KOKOSCHKA

«La mirada es exploratoria, interesada, llena de odio y de amor.»
Edvard Munch

Bodegones con centauros II (Rapto de la bella Elena), óleo sobre lienzo, 1948.

Expresionismo

La exaltación mística de Vicent van Gogh (1853-1890), el cromatismo vivo de Paul Gauguin (1848-1903), las líneas sinuosas del Art Noveau (1890-1905), la paleta intensa del Fauvismo (1904-1908), los mundos ocultos y sarcásticos de James Ensor (1860-1949), el tripartito sexo-muerte-miedo de Edvard Munch (1863-1944) y las investigaciones que sobre el comportamiento de la psiquis llevó a cabo Sigmund Freud (1856-1939) están en el origen del Expresionismo, movimiento surgido en Alemania a principios del siglo XX. 

El Principio, litografía, 1918.
(A los pies del busto, que escupe sangre, está escrito: «Libertad, igualdad y fratricidio». Fíjate en la fecha, es significativa.)

Los expresionistas, motivados por los pasos dados por sus predecesores —impresionistas, posimpresionistas y fauves—, consiguieron desvincularse de las ataduras de la imagen objetiva y de los tecnicismos académicos. Con los expresionistas se produce un proceso de conversión que lleva, parafraseando conceptos religiosos, a la transubstanciación.

El arte expresionista figurativo no destruyó la «cosa» —el objeto o figura en que se inspira—. Lo que hizo fue utilizar la «cosa» para concebir una nueva substancia, una substancia que mantenía la apariencia de los elementos dibujados —digamos que recicló para crear alegorías—. Desvelar lo oculto, a través de la representación de la forma, fue su meta.

La Verónica, óleo sobre lienzo, 1909-1910.
(Su primer cuadro de temática religiosa está inspirado en la Sábana Santa de Turín.)

Alma Mahle y Kokoschka, carboncillo y tiza blanca sobre papel, 1913.
(Vivió un apasionado y atormentado romance con la compositora musical Alma Mahle, la «femme fatale» que raptó muchos corazones.)

El expresionismo construye una imagen visual enigmática, porque siente la necesidad de hallar una simbología para lo invisible al ojo humano. Sin embargo, no sólo pretende desenmascarar lo aparente, también pretende hacernos a nosotros, espectadores, parte del proceso.

¿Cómo lo hace? Lanceándonos con imágenes que sacuden nuestro ánimo. El artista se muda en picador y al espectador lo convierte en toro.

Retrato de Bertha Eckstein Servant, óleo sobre lienzo, 1910-1912.

Por un lado está la imagen real —forma objetiva— y por otro está la imagen subjetiva —forma procesada por la conciencia—. Los expresionistas, al dar todo el protagonismo a la representación de la subjetividad, se alejaron de la belleza clásica.

¿Quién aguanta un análisis meticuloso de su ser sin sentir que zarandean sus cimientos? Si te arrancan el antifaz —el de la apariencia, el del disimulo—, se revela el rostro asaeteado por el alma —no olvidemos que las vanguardias de principios del siglo XX están influenciadas por las tesis freudianas. 

Mujer en azul, óleo sobre lienzo, 1919.
(Al regresar de la guerra, el pintor descubrió que Alma Mahler le había sido infiel. Entonces, para vengarse, mandó a hacer una muñeca de trapo, tamaño natural, con las características de su amada. La llevaba a la ópera, celebraba fiestas en su honor y hasta le puso una doncella a su servicio. Y, por supuesto, la pintó. La muñeca encontró su final en un aquelarre en el que el artista la desguazó y la tiró por una ventana. Los vecinos, creyendo que era un asesinato —estaba manchada de sangre— llamaron a la policía, que no daba crédito de lo que veía.)

Fotografías de la muñeca.

Sigmund Freud no trató la psicología del arte, ni la experiencia estética, desde un punto de vista creativo. Enfocó la creación intelectual desde el psiquismo. Pero no hizo falta que el médico austríaco entrara en el meollo del arte y de la literatura para que estas disciplinas cayeran rendidas a los pies del psicoanálisis. Detrás de las líneas fragmentadas, la guerra de colores y las formas transfiguradas, o transubstanciadas, se encuentran La interpretación de los sueños (1899) y los demás ensayos que sobre la simbología del inconsciente Freud llevó a cabo.

Los ismos fragmentaron la forma de igual manera que Freud fragmentó la conducta humana.

León atigrado, óleo sobre lienzo, 1926.

Hablamos de los albores del siglo XX, de la época en la que las ciudades casi revientan de tanta gente dispuesta a hacinarse en ellas —el mundo industrializado promete holguras.

Hablamos de la era que consolida la cultura de masas y que exige, a cambio de pertenecer a su club, la renuncia a la identidad. Hablamos del momento en el que la burguesía acomodada decide crear espacios destinados, únicamente, al disfrute de su clase. Hablamos de los nuevos horizontes abiertos por Albert Einstein (1879-1955) con su Teoría de la relatividad.

Hablamos del mundo en el que los ismos, pisándose los unos a los otros, se lanzan  a una carrera que tiene como meta hallar la manera de pintar la realidad procesada por el inconsciente.

Caballero, muerte y ángel, óleo sobre lienzo, 1911.
(Es importante fijarse en las fechas de los cuadros para apreciar la evolución de un artista y la relación de su obra con los sucesos importantes de su sociedad.)

Expresionismo alude a expresión de ideas y de emociones. Expressi significa «sacar afuera o exprimir». Pero, ¿cómo se exprime sin alterar aquello que nos hace pensar?

Hay que decir que los sentimientos protagonistas de las escenas expresionistas figurativas están relacionados con el lado oculto y turbador de la existencia, no con la parte frívola y alegre de la vida. De ahí el carácter áspero e intenso de unas obras centradas en capturar y en reflejar subjetividades.

El pintor II (Pintor y modelo), óleo sobre lienzo, 1923.

Kokoschka

Oskar Kokoschka (1886-1980) es hijo de un tiempo que da inicio a un siglo que vio caer el Imperio Austrohúngaro (1887-1919) y la República de Weimar (1918-1933),  que sufrió dos guerras mundiales y la Guerra Fría (1947-1989).

Oskar Kokoschka, Otto Dix (1891-1969) y Max Beckmann (1884-1950) son pintores que me gustan mucho. A Dix y a Beckmann los he invitado a mi blog, pero el austríaco estaba esperando su oportunidad. Y ha llegado. 

Viena, óleo sobre lienzo, 1956.

El Expresionismo fue un movimiento muy heterogéneo y en él cada quien libró su propia batallita de trazo y color. En el Expresionismo cada quien creó su propia iconografía.

No hay un hilo conductor sólido que agrupe las obras de este movimiento tan expresivo. Los lienzos, al ser espejos de personalidades, son muy distintos. No hay más que observar los cuadros de los tres pintores que acabo de mencionar para comprobar las diferencias.

Sin embargo, hay una característica que los agrupa. Es la destrucción de la forma. La forma pierde su función real y se convierte en receptáculo de un pensamiento. La forma se vuelve vasija de ideas.

Oleaje tormentoso en Hamburgo, óleo sobre lienzo, 1962.

En el caso de Kokoschka todo es explosión. Kokoschka hizo drama con sus pinceles. Sus retratos y paisajes tienen tanta fuerza que se vuelven místicos. No hay más que ver la luz que desprenden sus lienzos para saber en qué estado anímico se encontraba el pintor.

La luz, ese iluminismo al estilo Greco, prevaleció en su obra hasta los años 60, que es cuando el retrato psicológico comienza a compartir espacio con escenas que representan dramas de la humanidad. Al final de su camino como artista, Kokoschka aclara su paleta y salta del Yo al Nosotros.

Las ranas, óleo sobre lienzo, 1968.
(Este cuadro, por la parte de atrás, tiene una nota de protesta contra la ocupación de la antigua Checoslovaquia por parte de los rusos.)

Hay algo que se me ha escapado mencionar y que considero importante. Me refiero a la influencia que tuvo el sentido espacial barroco en el Expresionismo figurativo alemán.

Los pintores barrocos afearon al Renacimiento su concepto espacial y su perspectiva. Los barrocos deformaron las composiciones para acercar símbolos al espectador. Si nos fijamos, no son pocas las veces que las figuras se salen del cuadro, porque lo importante no era el virtuosismo técnico, sino crear espacios en movimiento que transmitieran su esencia mística —el Barroco tuvo una gran acogida en Austria.

El arte es una espiral que, generosamente, cede sus logros a nuevas formas de expresión que, a su vez, reciben la herencia para transformarla en testimonios de una nueva realidad. El arte es historia visual de la humanidad. Historia en movimiento continuo.

Courmayeur y las cumbres de los gigantes, óleo sobre lienzo, 1927.
(A partir del año que marca el cuadro, el artista amplía su temática y pinta ciudades y paisajes de Europa. «Mundos pintados» es una serie sobre lugares que visitó.)

Praga, óleo sobre lienzo, 1936.
(Se refugió en Praga entre los años 1934 y 1936 —los nazis lo incluyeron en la lista de «aristas degenerados»—. Luego pasó a Londres, donde vivió hasta 1953. Más tarde marchó a Suiza, su destino final.)

Kokoschka fue pintor, grabador, ilustrador y dramaturgo. Fue un artista polifacético que puso todas sus aptitudes al servicio de un mismo fin: dar representatividad a los conflictos existenciales, a los que añadió su fuerte personalidad, temperamento en el que influyeron una madre vidente y sus experiencias como soldado en la Primera Guerra Mundial —ingresó en el ejército austríaco como voluntario.

Sobre sus retratos

Los retratos de Oskar Kokoschka casi nunca contentaron a sus modelos. Se veían feos. 

Kokoschka fragmentaba la línea y usaba una pincelada pastosa y nerviosa, nada en sintonía con la perfilada y decorativa línea del movimiento Art Nouveau, que es de donde provenía el artista —enlazando ideas hay que apuntar que el Art Nouveau austríaco se vio marcado por el Barroco.

El retratado se sentía defraudado, pues Kokoschka le metía los pinceles por las pupilas para que, como anzuelos de pescar, capturaran lo esencial invisible. Para colmo, el pintor añadía su propio arrebato al inconsciente de su modelo. ¿Quién podría quedar atractivo en sus cuadros? Las «víctimas» se quejaban de que aparecían con expresiones vencidas.

Retrato de Ludwig Ritter von Janikowsky, óleo sobre lienzo, 1909.

Retrato de la condesa Cathleen de Drogheda, óleo sobre lienzo, 1944-1947.

¡Todo en Kokoschka es intensidad!, por eso me gusta tanto. Me gusta su paleta enérgica, su manera de quebrar la imagen, el empaste pesado, su forma de mostrar y mostrarse, su manera desesperada de llamar nuestra atención. Me gusta el ritmo que tienen sus cuadros, instrumentos en los que libera su tensión emocional.

La existencia tuvo en su obra espacio donde expandirse. En eso enlaza con Freud, en la manera de relacionar psique humana y existencia, sólo que Kokoschka lo hizo con color.

La novia del viento, óleo sobre lienzo, 1913.
(Otra vez el pintor con su amante Alma Mahler.)

El color en Kokoschka es un color interpretado, vinculado a una idea. Nada tiene que ver con el Naturalismo, el Romanticismo y el Impresionismo. Es un color catártico.

Y en cuanto a su fórmula técnica, yo la resumiría así:

Color (intenso y denso) + línea (ritmo) + forma (distorsionada) = EMOCIÓN. 

Pietá, cartel para la obra «Asesino, esperanza de las mujeres», 1909.
(Primera obra dramática de Kokoschka. Se representó en Viena el 5 de julio de 1909. No sobrevivió a su estreno debido al escándalo que provocó. La pieza está considerada cimiente del teatro expresionista alemán.)

 Los niños que sueñan (El velero), litografía, 1907-1908, publicado en 1917.
(Su primera publicación fue otro escándalo. El libro incluye textos, poemas y ocho ilustraciones a color, de línea Art Nouveau y colores expresionistas. Kokoschka hizo el álbum por encargo. Se suponía que tenía que ser un cuento infantil, pero se le fue la mano con el simbolismo, la violencia sexual, la realidad y el inconsciente… Sin embargo, lo que sucede conviene, pues conoció al famoso arquitecto Adolf Loos, quien se convirtió en su protector.)

Los niños que sueñan (El despertar), litografía.

Kokoschka, conocido como el más importante retratista del Expresionismo, mantuvo su rechazo al arte no figurativo. Para él esa forma de representación visual era poco comprometida con la sociedad y, por tanto, estaba deshumanizada.

El historiador H.M. Wingler en su libro Oskar Kokoschka (1964) afirma que para el austríaco el abstraccionismo es responsable de «la actual disgregación de la sociedad y del servilismo a la ciencia y a la tecnología alienantes, que se extiende a todo: desde la política a la economía.»

A finales de los años 50, Kokoschka inició una serie de flores y dedicó más tiempo a ilustrar literatura clásica y pasajes bíblicos.

Ilustración para la obra de Shakespeare «El rey Lear», litografía sobre papel, 1963.

Bodegón floral, óleo sobre lienzo, 1959-1964.

Termino la entrada con dos retratos de niños, dos óleos que muestran la importancia de fijarse en las fechas de los cuadros. Las fechas hablan no sólo de la evolución pictórica de un artista, sino también de los acontecimientos importantes que tuvieron lugar en su sociedad y que lo marcaron.

Jugando a los niños, óleo sobre lienzo, 1909.
(Antes de la Primera Guerra Mundial.)

Niños proletarios, óleo sobre lienzo, 1914-1916.
(Durante la Primera Guerra Mundial.)

El Expresionismo figurativo fue desnudando a la forma, como se quitan capas a una cebolla, y lo hizo hasta llegar al arte abstracto, su primogénito. Conceptos como existencia, emoción, psiquis y voz interior no pueden desvincularse del proceso evolutivo de esos movimientos creadores de drama y misterio que fueron las vanguardias.

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