PÁNICO EN PALACIO

El arte de la conversación, René Magritte, óleo, 1963.

Pánico en palacio es un poemario publicado por la editorial Vitruvio en el año 2010; un libro que reúne una serie de poesías del escritor, filólogo y traductor moldavo Vlada Urósevich (Skopje, 1934), miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias de Macedonia y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

He seleccionado cinco poemas para presentarte Pánico en palacio. Pero debes saber, antes de entregarte a la lectura, que el mundo poético de Urósevich se nutre del Surrealismo, del Expresionismo y del Futurismo. Y debes saber que es un entusiasta de los libros de geografía —su padre fue profesor universitario de esa materia y lo inició en los secretos ocultos detrás de los delineados mapas— y que el mundo mágico de los sueños, su infancia y los destrozos de la Segunda Guerra Mundial también encuentran voz en su obra —las piedras, los niños, los monstruos aparecen una y otra vez en sus poemas.

Y no te dejes engañar por la pícara palabra que decide anclarse y se vuelve terca y majadera, porque no quiere viajar sola y tampoco desea que la comprendas a la primera. Esa palabra atesora éxitos y fracasos, deseos ocultos, pesadillas y sueños. Esa palabra te reta, no quiere seducir sino ser seducida, juega contigo. Tienes que ir más allá. La mano del poeta corre sobre el papel y tu mente debe correr con ella.

Al terminar de leer la antología he descubierto que sus poemas construyen escenografías teatrales y que he andado por ellas sin percatarme, quedando envuelta en una especie de sueño-pesadilla de la que me ha costado salir. Sus poemas me han hechizado.

Pánico en palacio tiene prólogo de Justo Jorge Padrón, quien ha participado, junto con Kleopatra Filipova, en la traducción de los poemas.

El surrealismo y los sueños, la poesía y la pintura cogidos de la mano. Así te los ofrezco, lector.firma gabriela4

El templo de la palabra, Leonora Carrigton, óleo sobre lienzo, 1954.

MONSTRUOS

Cálidos y suaves, bellos y crueles,
los monstruos salen de las esquinas en la oscuridad.
Tal terciopelo antiguo su piel deslumbra,
como porcelana es el blanco de sus ojos.

Como perlas venenosas brillan
garras y escamas, uñas y colmillos.
Se balancean y convulsionan, se doblan y se
arrastran
mimosos y llenos de peligro los monstruos de las
tinieblas.

Abandonan sus lechos en la habitación
donde pasaron el día durmiendo desapercibidos.
Despacio se despegan de los objetos y confusos son
sus movimientos, sus densos enredos.

Ensombrecen los espejos, se deslizan por los libros,
vilmente reviven desde los dibujos del tapiz.
Están por todas partes, terribles y seductores,
y el niño les tiende las manos con admiración.

Tarde de carnaval, Henri Rousseau, óleo sobre lienzo, 1963.

DESCONOCIDA

Ella baja despacio por las enormes escaleras de piedra.
Tiene el cuerpo cubierto de polen.
En su mano lleva una caja con mariposas dormidas.
Conoce de memoria el orden de los astros.

Avanza siguiendo los olores del mar.
Siente los caminos de los topos bajo la tierra.
Presiente las formas de las nubes del mañana.
Ve la oscuridad en el corazón de la lámpara.

Camina entre los cráteres de la Luna.
Camina entre las cortinas doradas de las óperas.
Camina entre los grandes y colmados pájaros que ya
no existen.
Camina entre los muertos buceadores con
escafandras.

Camina entre niños que juegan al escondite.
Ellos se le acercan y ella les responde.
Pero les habla en una lengua muerta
que sólo las estatuas entienden.

El hombre invisible, Salvador Dalí, óleo sobre lienzo, 1929-1934.

MONSTRUOS MUERTOS

En invierno en la torre hay oscuridad, asfixia y
silencio.
Los monstruos rumian, golpean con cuernos y
pezuñas las paredes.
Sufren enfermedades desconocidas, rugen,
roen los postes de madera, lamen la sal derramada.

Afuera los guardianes encienden hogueras de hierbas
secas,
narran las hazañas militares en las que participaron.
Desde las lejanas montañas llega un olor a nieve.
Tosen, les ahoga el denso humo.

A veces en la llanura desierta empieza a moverse una
mancha,
y luego se vislumbra a lo lejos la llegada de un jinete.
Pero él cambia de opinión y se desvía antes de llegar
a la torre.

El aire es transparente por el frío seco.

La primavera llega de repente, suelta flecos el
bajo avellano.
Agotados, algunos monstruos mueren
silenciosamente.
Los guardianes echan fuera los pesados cadáveres,
luego preparan un caldo de caracoles, recogen yesca.

Los cadáveres se quedan cerca del río, horribles y
feos,
sus barrigas hinchadas blanquean en la penumbra.

Los menudos pájaros intentan picotearles los ojos,
huellas borrosas quedan alrededor en el lodo fresco.

Se cuenta que por la noche, a escondidas, desde la
ciudad llegan las mujeres
y los entierran llorando, bajo la luna llena.
Luego sobre todo aquello se expanden historias
oscuras,
los hombres murmuran y los niños se duermen con
sueños inquietos.

Guillermo Tell, Salvador Dalí, óleo sobre lienzo, 1930.

MALENTENDIDO FATAL

Se trata de alguna película.
Tiene que ser alguna película
si no ¿cómo podría haber
tantas mujeres rubias
tan bellos paisajes
y tanta matanza?
¿Pero qué estoy buscando yo aquí dentro
y cómo de un espectador
me he convertido
en personaje
perseguido
y que
al final
debe morir?

Nocturno, René Magritte, óleo sobre lienzo, 1925.

ACONTECIMIENTOS INUSUALES

Se ha encontrado a una verdadera abeja viviente
recogiendo miel
sin tenerle miedo a las flores
Se ha encontrado un cuadro
en el que algún pintor sin firma
pintó desvergonzadamente frutos maduros
Se ha encontrado
a algunos amantes
en la oscuridad
cerca del río
cogiéndose de las manos
Se ha encontrado a un hombre
sentado en un banco
abriendo sin miedo un libro de poemas


ENLACES RELACIONADOS

Encontraste un alma (Edith Södergran).

Hans Keilson. “Ahí está mi casa”.

August Strindberg. Poemas, pinturas y una puesta en escena: El padre.

“La madre” y “Cuando pienso en la Patria”. Poemas (Karol Wojtyla).


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