POEMAS INSPIRADOS EN EL MAR

«Quédese el mar en este cuenco umbrío…».
Manuel Díaz Martínez

Los mares y los océanos lo mismo sosiegan que enfurecen, pues sus aguas nunca se deslizan ignoradas. Lo saben los poetas y lo saben los pintores, que se han visto sacudidos por las olas y bañados por la espuma de los mares. Mares ladrones de nubes y glotones de barcas, que al cielo calcan para trajearse y así, vestidos de azules infinitos y en paradoja constante, engatusar al hombre con bonanzas.

He escogido para esta entrada versos que acarician los sentidos. He dejado para las largas tardes de invierno aquellos que aúllan con el viento, porque es época de brisas, de arrullos y de hermosas sirenas que inducen a espejismos.

Y ahora los dejo con poemas que ilustro con pinturas de Joaquín Sorolla (1863-1923), luminista que se dejó seducir por pescadores, por sombrillas protectoras de la palidez de sus dueñas y por chicos recreándose en las aguas valencianas, esas que le hicieron exclamar: «¡El agua era de un azul tan fino!»

Es hora, amigos, de… ¡zambullirse en los versos del estío!

POEMAS

Idilio, Jávea, 1900.

TUS GRITOS Y MIS GRITOS EN EL ALBA
(GABRIEL CELAYA)

Tus gritos y mis gritos en el alba.
Nuestros blancos caballos corriendo
con un polvo de luz sobre la playa.

Tus labios y mis labios de salitre.
Nuestras rubias cabezas desmayadas.

Tus ojos y mis ojos,
tus manos y mis manos.
Nuestros cuerpos
escurridizos de algas.

¡Oh amor, amor!
Playas del alba.

*

El Cabo de San Antonio, Jávea, 1985.

CALMA
(ELISEO DIEGO)

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,

que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la brisa,

Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,

la infinita
playa desierta,
de manera

que no acaba,
quizás,
este silencio,

nunca?

*

Saliendo del baño, óleo sobre lienzo, 1915.

Y SIN EMBARGO SÉ QUE SON TINIEBLAS
(FINA GARCÍA MARRUZ)

Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro
y sin embargo sé que son tinieblas.

Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.

Cuando de pronto el mundo da ese acento
distinto, cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,

comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.

*

Rocas y bote blanco, Jávea, 1905.

SONETOS EN MI ISLA
(MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ)

1. En los cangilones del litoral, al atardecer.

Quédese el mar en este cuenco umbrío
al que viene a yacer, ola tras ola,
cada tarde de efímera amapola
y nácar de mojado calosfrío.

Que se quede a vivir este mar mío,
sin el furor de su arponeada cola,
en la sed de la rota caracola,
en el cáliz de musgo en que lo ansío.

Quiero, aquí donde quiebra su estatura
repartiendo en espejos su frescura,
tocar su cristalina desmesura.

¡Qué más quisiera yo, que más querría
que me inundase el mar de la armonía
con que inunda este cuenco la ola fría!

*

El balandrito, óleo sobre lienzo, 1909.

JUNTO AL MAR
(JOSÉ HIERRO)

Si muero, que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar.
Serán las aguas grises mi escudo
y no habrá que luchar.

Si muero que me dejen a solas.
El mar es mi jardín.
No puede, quien amaba las olas,
desear otro fin.

Oiré la melodía del viento,
la misteriosa voz.
Será por fin vencido el momento
que siega como hoz.

Que siega pesadumbres. Y cuando
la noche empiece a arder,
Soñando, sollozando, cantando,
yo volveré a nacer.

*

El baño, Jávez, 1905.

CANCIÓN DE PESCADORAS
(GABRIELA MISTRAL)


Niñita de pescadores
que con viento y olas puedes,
duerme pintada de conchas,
garabateada de redes.

Duerme encima de la duna
que te alza y que te crece,
oyendo la mar-nodriza
que a más loca mejor mece.

La red me llena la falda
y no me deja tenerte,
porque si rompo los nudos
será que rompo tu suerte…

Duérmete mejor que lo hacen
las que en la cuna se mecen,
la boca llena de sal
y el sueño lleno de peces.

Dos peces en las rodillas,
uno plateado en la frente,
y en el pecho, bate y bate,
otro pez incandescente…

*

El baño del caballo, óleo sobre lienzo, 1909.

OCASO
(MANUEL MACHADO)

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!

*

El pescador, óleo sobre lienzo, 1904.

PLAYA
(MANUEL ALTOLAGUIRRE)


A Federico García Lorca

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Sobre la arena tendido
como despojo del mar
se encuentra un niño dormido.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

*

Barcas varadas, óleo sobre lienzo, 1910.

EL NEGRO MAR
(NICOLÁS GUILLÉN)

La noche morada sueña
sobre el mar;

la voz de los pescadores
mojada en el mar;
sale la luna chorreando
del mar.

El negro mar.

Por entre la noche un son,
desemboca en la bahía;
por entre la noche un son.

Los barcos lo ven pasar,
por entre la noche un son,
encendiendo el agua fría.
Por entre la noche un son,
por entre la noche un son,
por entre la noche un son. . .

El negro mar.

Ay, mi mulata de oro fino,
ay, mi mulata
de oro y plata,
con su amapola y su azahar,
al pie del mar hambriento y masculino,
al pie del mar.

*

Niña entrando en el baño, óleo sobre lienzo, 1915.

LA NIÑA QUE SE VA AL MAR
(RAFAEL ALBERTI)


¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!

¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!

¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!

¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!

¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!

¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!

*

Pescadores valencianos, óleo sobre lienzo, 1895.

MUY SERENA ESTÁ LA MAR
(GIL VICENTE)

Muy serena está la mar,
¡a los remos, remadores!
¡Esta es la nave de amores!

Al compás de las serenas
cantarán nuevos cantares,
remaréis con tristes penas
vuesos remos de pesares;
ternéis suspiros a pares
y a pares los dolores:
esta es la nave de amores.

Y remando atormentados,
hallaréis otras tormentas
con mares desesperados
y desastradas afrentas;
ternéis las vidas contentas
con los dolores mayores:
esta es la nave de amores.

De remar y trabajar
llevaréis el cuerpo muerto,
y al cabo del navegar
se empieza a perder el puerto;
aunque el mal sea tan cierto,
¡a los remos, remadores!
¡Esta es la nave de amores!

*

Niña, estudio para verano, 1904.

Y EN SUEÑOS SE APARECIÓ MI MADRE
(MARÍA GABRIELA DÍAZ GRONLIER)

«¿Y por qué no permanecer más allá del asombro?»

Constancias de nuestros pasos, pisadas que anhelo tanto.

¿Y las pisadas? ¿Borradas…, perdidas…? ¿Dónde están las pisadas?

La mar, vestida con puntillas de encaje y cuentas de sal marina, robó las huellas que abandonábamos en la arena, fino polvo creado de piedras y nácar.

¿Y las palabras…? Ondas sonoras, fieles representantes del alma, ¿dónde están nuestras palabras?

«No hay motivo para preocuparse, los diálogos han sido salvados. Están protegidos dentro de las pétreas caracolas», escucho decir a mi madre.

No abro los ojos, destejo el tiempo soñando mientras canta… ¡un ruiseñor perdido!

*

Niña en mar plateado, 1909.

EL MAR
JOSÉ JACINTO MILANÉS

¡Oh, qué bello es el mar cuando en oriente
su mansa ondulación el sol platea!…
El delicioso azul que lo hermosea
no se puede pintar, sólo se siente.

¿Y qué diré, cuando el planeta ardiente,
tendido en el ocaso, centellea?
Parece que suspira y clamorea
porque el astro gentil no se le ausente.

Y si después al descender la luna
lo vemos, ¿quién traducirá el acento
con que nos habla el mar?… No hay voz alguna.

¿Quién pintará el augusto movimiento
con que agita las olas una a una
del manto deslumbrante y opulento?

*

TIEMPO DE MAR
ERNESTINA DE CHAMPOURCIN

Clotilde en la playa, 1904.

El mar me pertenece
lo hago pasar entero
entre mis manos ávidas.
Lo acaricio le doy
la única mirada
sencilla que me queda
la que aún no han manchado
ni el miedo ni la muerte.

Mar limpio entre mis dedos
goteando esperanzas
porque sostiene aún
un velamen con brisa.

Mar de todos los mares
hoy contemplo en su espuma
otros mares antiguos:
aquel de mi primer
contacto con las playas
y el de aquellas lecturas
codiciosas e incómodas
bajo algún tamarindo.
Y aquel otro del trópico
sin huellas de turistas
con esa pulpa tierna
que ofrece el cocotero.

Quiero olvidar aquí
lo que sucedió anoche.
El mar no tiene culpa.
Es dócil, mío, puro,
es un lebrel que lame
mis plantas mansamente.

*

Bajo el toldo. Zarauz, óleo sobre lienzo, 1910.

LA PESCA EN EL MAR
(GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA)

¡Mirad!, ya la tarde fenece…
La noche en el cielo
Despliega su velo
Propicio al amor.

La playa desierta parece;
Las olas serenas
Salpican apenas
Su dique de arenas,
Con blando rumor.

Del líquido seno la luna
Su pálida frente
Allá en occidente
Comienza a elevar.

No hay nube que vele importuna
Sus tibios reflejos,
Que miro de lejos
Mecerse en espejos
Del trémulo mar.

¡Corramos!… ¡Quién llega primero!
Ya miro la lancha…
Mi pecho se ensancha,
Se alegra mi faz.

¡Ya escucho la voz del nauclero,
Que el lino despliega
Y al soplo lo entrega
Del aura que juega,
Girando fugaz!

¡Partamos! La plácida hora
Llegó de la pesca,
Y al alma refresca
La bruma del mar.

¡Partamos, que arrecia sonora
La voz indecisa
Del agua, y la brisa
Comienza de prisa
La flámula a hinchar!

¡Pronto, remero!
¡Bate la espuma!
¡Rompe la bruma!
¡Parte veloz!

¡Vuele la barca!
¡Dobla la fuerza!
¡Canta, y esfuerza
Brazos y voz!

Un himno alcemos
Jamás oído,
Del remo al ruido,
Del viento al son,

Y vuele en alas
Del libre ambiente
La voz ardiente
Del corazón.

Yo a un marino le debo la vida,
Y por patria le debo al azar
Una perla —en un golfo nacida—
Al bramar
Sin cesar
De la mar.

Me enajena al lucir de la luna
Con mi bien estas olas surcar,
Y no encuentro delicia ninguna
Como amar
Y cantar
En el mar.

Los suspiros de amor anhelantes
¿Quién, ¡oh, amigos!, querrá sofocar,
Si es tan grato a los pechos amantes
A la par
Suspirar
En el mar?
¿No sentís que se encumbra la mente
Esa bóveda inmensa al mirar?

Hay un goce profundo y ardiente
En pensar
Y admirar.
En el mar.

Ni un recuerdo del mundo aquí llegue
Nuestra paz deliciosa a turbar;
Libre el alma al deleite se entregue
De olvidar
Y gozar
En el mar.

¡Prestos todos!… ¡Las redes se tiendan!
¡Muy pesadas las hemos de alzar!
¡Prestos todos, los cantos suspendan,
Y callar
Y pescar
En el mar.

*

EL MAR
(JORGE LUIS BORGES)

Una barca en la cala de San Vicente, 1919.

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

*

Niños en el mar, óleo sobre lienzo, 1908.

SE ALEGRA EL MAR
(JOSÉ GOROSTIZA)

A Carlos Pellicer

Iremos a buscar
hojas de plátano al platanar.

Se alegra el mar

Iremos a buscarlas en el camino,
padre de las madejas de lino.

Se alegra el mar

Porque la luna (cumple quince años a pena)
se pone blanca, azul, roja, morena.

Se alegra el mar.

Siete varas de nardo desprenderé
para mi novia de lindo pie.

Se alegra el mar.

Siete varas de nardo; sólo un aroma,
una sola blancura de pluma de paloma.

Se alegra el mar.

Vida —le digo— blancas las desprendí, yo bien lo sé,
para mi novia de lindo pie.

Se alegra el mar.

Vida —le digo— blancas las desprendí.
¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!

Se alegra el mar.

ENLACES RELACIONADOS

El cuento cubano y el mar: Los gallos (Dora Alonso); La agonía de la garza (Jesús Castellanos) y El descubrimiento (Mirta Yáñez). Textos íntegros.

Alfonsina y el mar.

El Mediterráneo y las artes plásticas.

Más allá canta el mar… (Regino Pedroso). Texto íntegro del poema.

Antología de la poesía en Cuba: 1800-1950. Poemas.

«Al pie de la memoria». Poetas cubanos del exilio.

Diván de poetisas árabes contemporáneas. Poemas.

Poemas a propósito de una foto.

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Tiziano y Safo: «Poesías» y poemas.

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Poesía china. Poetisas y poetas.

El castillo de Gripsholm. Una historia veraniega (Kurt Tucholsky).

Y en sueños se apareció mi madre.

Los dos balseros.

En el malecón.

El cubano que silba al viento.

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