¿POR QUÉ LA GUERRA?

¿Qué siento cuando veo a los niños que huyendo de las guerras se ahogan en el mar? ¿Qué siento cuando veo cómo degüellan a las personas en nombre de Dios? ¿Qué siento cuando escucho en las noticias que un joven ha torturado a un animal? ¿O cuando me entero de que terroristas centran su odio en el arte heredado? ¿Qué instintos se despiertan en mí, en mí, que me hago llamar pacifista? Prefiero no contarlo.

La Sociedad de Naciones fue creada en 1919 con el objetivo de utilizar el derecho como herramienta para garantizar la paz y el concierto internacional.

La Sociedad de Naciones organizó una serie de conferencias en París en el año 1932.  Los requisitos para los debates eran dos: el primero era que los invitados podían escoger libremente el asunto que deseaban tratar y el segundo era que debían buscar un interlocutor con quien intercambiar sus ideas. A estos encuentros fue convidado Albert Einstein, quien designó a Sigmund Freud como colocutor.

«De acuerdo con mi experiencia, son sobre todo los denominados intelectuales los que sucumben con mayor facilidad a las funestas sugestiones colectivas, puesto que no acostumbran tener un contacto directo con la realidad, sino que la experimentan por medio de su forma más cómoda y cabal, la del papel impreso», leemos en una carta de Einstein fechada el 30 de julio de 1932.

Albert Einstein escogió como tema la guerra y como compañero para desarrollar su intervención al psicoanalista Sigmund Freud.

1. ¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?

2. ¿Cómo es posible que la citada minoría (se refiere a los pequeños grupos de poder que se lucran con las guerras) pueda poner a las masas al servicio de sus deseos, si estas, en el caso de una guerra, sólo obtendrán sufrimiento y pérdidas?

3. ¿Cómo es posible que las masas se dejen enardecer hasta llegar al delirio y la autodestrucción por medio de los recursos mencionados? (Se refiere a los medios de comunicación).

4. ¿Es posible dirigir el desarrollo psíquico de los seres humanos de tal manera que estos se vuelvan más resistentes a la psicosis del odio y la destrucción?

Estas son las cuatro preguntas que Albert Einstein envió a Sigmund Freud. Mas su correspondencia no se reduce a las interrogantes, Einstein analizó los problemas que planteó. Y sus tesis fueron compartidas por Freud.

Pero Sigmund Freud desarrolló los argumentos de Einstein desde otra perspectiva. Freud se basó en los instintos humanos y esto lo llevó a afirmar que el derecho es hijo de la violencia y que está indisolublemente ligado a ella. Escribió:

«Se comete un error de cálculo si no se tiene en cuenta que el derecho fue originalmente violencia bruta y que sigue sin poder renunciar al apoyo de la violencia.»

En ¿Por qué la guerra? no sólo encontrarás las preguntas y las respuestas de estos dos grandes pensadores de origen judío, sobrevivientes de la Primera Guerra Mundial y de la histeria desatada en la posguerra. El libro cuenta con el magnífico y extenso prólogo de Eligio Resta.

Eligio Resta va más allá del estudio de las cartas al recrear la época en la que la correspondencia tuvo lugar; además, el prologuista incorpora otros nombres que también tocaron el asunto de la guerra. El prólogo, en sí mismo, es un opúsculo.

¿Por qué la guerra? está publicado por la Editorial Minúscula en el año 2008, pero aún se encuentra en catálogo, así que estás de suerte si deseas conocer el análisis de Einstein y de Freud sobre la funesta atracción que en el hombre ejercen la guerra y la destrucción.

Manifestó Freud a Einstein:

«Usted expresa su asombro por el hecho de que sea tan fácil entusiasmar a los seres humanos para la guerra, y sospecha que algo, un instinto de odio y destrucción, obra en ellos facilitando su enardecimiento (…) Nosotros creemos en la existencia de semejante instinto (…) Nosotros presumimos que las pulsiones humanas no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquellas que tienden a conservar y unir (…) o bien son las que tienden a destruir y matar (…) Comprenderá usted que no se trata más que de una transfiguración teórica de la antítesis entre el amor y el odio, universalmente conocida y quizá relacionada primordialmente con aquella otra, entre atracción y repulsión, que desempeña un papel tan importante en el campo de la ciencia».

firma gabriela3

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