REGALOS DE INVIERNO

«…saltaba de mi cama con un gran impulso hacia delante y corría hacia los deseos, los besos, los bombones y los libros de cantos dorados…»

«¡Oh, invierno de mi infancia, un día de invierno os ha devuelto a mí!»

Colette, la escritora independiente, de vida rebelde y autora de relatos protagonizados por personajes femeninos de fuerte temperamento, fue novelista y articulista. Su obra es como una moneda, que tiene dos caras.

Regalos de invierno nos ofrece el lado menos conocido de la autora, famosa por las andanzas de la perversa Claudine. El libro que hoy reseño reúne una veintena de artículos relacionados con la Navidad, textos que fueron escritos para revistas como Vogue, Marie-Claire, Le Petit Parisien

¡Qué bonito es Regalo de invierno! En él, Colette, que vivió la vida con tanta intensidad, que exprimió amores como limones, regresa a su infancia cada vez que diciembre se acerca a las festividades que conducen a la muerte de un año.

«Es difícil para un niño esperar con calma la llegada de la dicha, aunque se limite a una comida familiar, a una velada, a un libro nuevo y unos caramelos, que llegan una vez al año de la capital.»

¡Cuánta nostalgia, cuánta ternura despiertan en Colette la Nochebuena y su eterna rival la Nochevieja! Y cuánto humor y cuánta poesía hallamos en estos artículos, escritos entre los años 1909 y 1948, que han sido recogidos en Regalos de invierno; un libro intimista, donde pareciera que la nieve despierta en la autora sentimientos que el resto del año adormecen.

¿Qué añoraba Colette de las celebraciones navideñas de su infancia? ¿Qué rescata del naufragio que ahoga  vivencias pasadas? ¡La fantasía! La emoción que el corazón de todo niño —¡pam-pam-pam!— siente cuando los tañidos de las campanadas anuncian el paso de poderes de un año a otro. La exaltación que provoca un nuevo tiempo que se nos presenta trajeado de incógnitas.

«…serán vencidos por la emoción gracias al aroma de resina que regresa desde lo profundo de su infancia.»

Es la fantasía, y no la liturgia religiosa, lo que Colette recupera de las navidades de su niñez. No es el Misterio divino, sino la magia que despierta en toda mente inocente el ritual de las celebraciones: las guirnaldas encendidas, los regalos encintados a los pies de los abetos adornados, los dulces y pasteles que sólo pueden saborearse en esa época del año, la mesa enriquecida con la mejor vajilla de nuestros padres… ¡Nuestros padres…!

«Ningún niño carece de memoria.»

Sigmund Freud afirmaba que es en nuestra niñez cuando se construye el sujeto. En Regalos de invierno, la provocadora Colette regresa a los brazos de su madre Sido y al jardín de árboles caducos cuyas ramas acumulaban la pesada carga que las nubes, confiadas, depositaban en ellas —las nubes conocen el proverbio zen que dice que «copo de nieve nunca cae en lugar equivocado».

Colette, con cada Navidad, rescató de las heladas del invierno el recuerdo de sus padres. ¿Será porque en esta época del año abundan los sueños al ser las noches más largas? ¿Será porque la Navidad es reina de voces inmortales? ¡Quién sabe…!

Regalos de invierno está traducido por Anna Maria Iglesia Pagnotta y se encuentra dentro del catálogo de la editorial Elba.

ENLACES RELACIONADOS

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Cuento de Navidad.

Villancicos, pintura y Navidad.

En Nochebuena. Poema de Vicente Wenceslao Querol.

La máscara robada (Wilkie Collins).

Grandes poetas que cantan a la Navidad. Dedicado a los niños.

La nueva Navidad y El espíritu de la Navidad (Chesterton). Textos íntegros.

José Martí y la Navidad.


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