RENACER

«Todo gran tropiezo es un despertador del alma.»
El Talmud

Habano y Habana, fotografía, María Gabriela Díaz Gronlier.

Me he perdido la floración de las calas, copos de nieve de la primavera. Cuando pueda regresar al campo el calor será sofocante y habrá convertido los retoños verdes en espigas quebradizas. Cuando regrese al campo los chaparrones habrán pasado y me tropezaré con personas, que como yo, buscan hallar consuelo en el chicharreo de las cigarras y en los cantos de los pájaros.

Cuando el confinamiento, impuesto por el virus llegado del país de los ojos rasgados, me devuelva el derecho de poder disfrutar del campo, derecho que me ha hurtado, descubriré que la naturaleza ha sanado algunas de las graves heridas que nosotros, hombres ahora con mascarillas, hombres hace tiempo descreídos, materialistas y egoístas, le hemos provocado.

Habrá mucho calor cuando vuelva a pasear por el Monte de El Pardo o los prados cántabros.

Con mi padre, fotografía, Claudia Díaz Gronlier.

Cuando el calor abrase habrá deseos de zambullirse en las piscinas, de nadar en los mares, de jugar a ser ranas en los charcos. Habrá deseos de tomarse una caña en la terraza del barrio, de abrir espacio en los armarios para unas nuevas sandalias o un nuevo vestido de colores claros. Necesitaremos renovarnos.

Cuando llegue el verano, un sol más potente que el sol, un fuego interior extraordinario, desmesurado, nos hará recapacitar sobre las costumbres que hemos descuidado. Aparecerá el miedo, que nos detendrá y nos ofrecerá la peor cara de su rostro, la más oscura, la más difícil de soportar: la autocensura.

El miedo nos hará creer que la bola del mundo se quebró y que por sus fisuras se escapó el espanto. Hay que estar preparados para este momento crucial de nuestras vidas. El miedo usa la técnica del trampantojo, te hace distorsionar la perspectiva y las sombras de la realidad. No le hagas caso al pánico.

Mi hermana Claudia y yo, fotografía, Belkys Rodríguez.

Cuando llegue el verano tendremos una nueva infancia. La humanidad iniciará un nuevo ciclo que, poco a poco, irá acumulando nuevas rutinas. Y habrá de nuevo desencuentros, furias y risas, pues Renacer es el principio por el que se rige el universo. Algunas de las costumbres de ayer desaparecerán, otras serán incorporadas a la nueva manera de relacionarnos, surgiendo de esta fusión acciones que se nos harán familiares con la misma velocidad con la que la lengua del lagarto atrapa una mosca.

Cuando el calor chamusque al virus, continuaremos generando imágenes para compartir en Facebook, Twitter, Instagram…, en todos los medios que el tiempo ofrece a cada generación para que deje constancia del misterio de la vida.

A por calas, fotografía, María Gabriela Díaz Gronlier.

(Voces en el viento.)

Alguien grita: ¡No será fácil! Tengo miedo de coger el metro, de probarme un traje, de volver al cine… ¡Tengo miedo de volver a abrazar y de volver a besar!

Alguien dice: ¡Hacemos historia, somos humanidad!  ¡Crecemos con el tañido del llanto!

Del Covid-19, de las malas decisiones y de las malas intenciones saldremos renovados. Dicho lo cual, doy por finalizada mi profecía.

(Nota para antes de iniciar el proceso de renovación:
«La realidad se asemeja a un espejo -cada acción que realizamos, cada emoción que mostramos y cada palabra que hablamos se refleja de nuevo en nuestras vidas en la misma medida», avisa El Zohar.)

 

ENLACES RELACIONADOS

Y en sueños se apareció mi madre.

Y llegó la primavera.

No todo es lo que parece.

La rosa negra.

La muerte tiene su hora.

Liturgia de amor en tiempos difíciles.

Nostalgia.

Los solitarios.

Moisés.

Los niños, los cuentos infantiles y el coronavirus.

Los cuentos de mi infancia.


Compártelo con tus amigos: