ROBERT MALTHUS Y «SOYLENT GREEN»

«El hambre parece ser el último y el más terrible recurso de la naturaleza.»

Charlton Heston y Edward G. Robinson en una de las escenas de «Soylent Green».

Primer ensayo sobre la población analiza, desde un punto de vista filosófico y moral, la relación imbatible que existe entre la pobreza y la demografía. 

La tesis, clara y demoledora, de Thomas Robert Malthus (1766-1834), economista británico que puso su empeño en hacer comprender que controlar la natalidad es requisito imprescindible para preservar el mundo, me ha recordado —ha sido una presencia constante en mi lectura— la película Soylent Green, interpretada por Charlton Heston en 1973.

Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) es una cinta satírica que recrea una sociedad desbordada de gentes a las que hay que alimentar… cuando la tierra ya está agotada. 

La multiplicación sin control de la población conduce a la miseria, porque es realidad objetiva, afirma Malthus en su ensayo, que la reproducción del ser humano es más veloz que la capacidad que tiene la naturaleza de producir alimentos para la subsistencia. De modo que hay que establecer normas de procreación responsable si se quiere evitar la muerte del hombre por inanición y del planeta por sobreexplotación.

¡Oh…!, pero Malthus sabía que se enfrentaba a dos circunstancias existenciales que retan lo que el sentido común canta a voces: una de ellas es el atractivo sexual, que es consustancial al ser humano, y la otra particularidad, tan compleja como la primera, es la alternancia de progreso y retroceso económico —en época de vacas flacas la demografía baja; en época de vacas gordas la demografía engorda.

Primer ensayo sobre la población demuestra el interés del autor por el futuro de la humanidad. Hay que decir que Malthus no fue el único que en su tiempo se preocupó por este asunto, pero sí fue el primero en presentarlo desde una óptica más amplia, desde una perspectiva universal.

La lectura del ensayo nos hace preguntarnos en qué posición estamos hoy en día, con un mundo superpoblado. La llamada «Agenda 2030» busca, entre otros objetivos trascendentes, controlar la demografía mundial, pues no hay provisiones para garantizar la vida de tantos como somos.

¿Qué intenciones hay detrás de la legalización del aborto en menores de edad, sin consentimiento de sus tutores? ¿Por qué la enseñanza infantil incluye información explícita sobre modos de evitar la procreación? ¿Por qué, en vez de estudiar las causas, se recetan, por períodos largos de tiempo, anticonceptivos orales a las adolescentes con problemas menstruales?

¿Por qué esa cruzada arrolladora a favor de las relaciones sexuales que bajan el ritmo de los nacimientos? ¿Qué hay detrás de la aprobación de la eutanasia «a la carta»? Las respuestas a estas preguntas y a otras muchas vienen disfrazadas de un sentimiento humanitario, igualitario y reivindicativo que está muy lejos de la realidad.

Cuando ahondas en estas interrogantes descubres que las disposiciones, que se nos presentan como avances en el campo de las libertades individuales, tienen otra finalidad: reducir la población mundial.

Aunque se muestren bajo el paraguas de la defensa del «Yo», las medidas demográficas —le llaman «desarrollo sostenible»— pretenden controlar el desequilibrio ecológico.

En nombre del «desarrollo sostenible» se hacen campañas alimenticias, donde se demonizan las proteínas y las grasas animales, fuente de alimentación natural, y se ensalzan las proteínas de laboratorio —¿de qué están hechas?— y los carbohidratos —azúcares: obesidad, hígado graso, diabetes, falta de energía, depresión…

En nombre del «desarrollo sostenible» se decretan leyes que coartan libertades y voluntades —he leído que una de las consignas de la «Agenda 2030» es: «No tendrás nada y serás feliz»; pero es este asunto para otras reflexiones.

Robert Malthus, utilizando el método de la observación y de la experiencia, hace un repaso por «los diferentes estados por los que la humanidad ha pasado en su trayectoria histórica».

El economista analiza el tiempo en el que el hombre vivió de la caza, del pastoreo y del cultivo; y llega a la manufactura y a la industria que ya va haciéndose potente en su sociedad. Analiza la repercusión de las guerras en la demografía y estudia las estadísticas de solteros, como referencia al estacionamiento poblacional. Malthus estudia cómo el mantenimiento de una familia, según las provisiones y el costo de las mismas, aviva o frena la natalidad.

Thomas Robert Malthus.

Ni las pestes, ni las guerras, ni los azotes de la naturaleza repercuten tanto en la merma de la humanidad como la miseria, se afirma en Primer ensayo sobre la población.

Hay otros temas en este libro, porque Malthus rebate teorías de sus contemporáneos y porque Malthus, clérigo protestante, se adentra también en el campo de la moral —lo que llama «vicio», y los católicos conocen como pecado, en sus premisas se manifiesta como fraude, opresión, rapiña, alcoholismo, guerra, egoísmo…; como todas las «formas de infortunio» que desgracian al hombre.

He comenzado mi entrada refiriéndome a una película que bien serviría para visualizar lo que la teoría malthusiana revela. Esa película metafórica es Soylent Green.

Cartel en español de «Soylent Green».

Soylent Green fue dirigida por Richard Fleischer, ganó varios premios y está inspirada en la novela ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio!, de Harry Harrison (1966). La cinta muestra una sociedad víctima del calentamiento global y del consumismo indiscriminado. Una sociedad hambrienta, enferma y hacinada, cuyo único sustento es el alimento sintético que da nombre a la película.

Leemos en Primer ensayo sobre la población:

«… los intelectos más brillantes y enérgicos acaban al final cediendo el imperio del cerebro a las llamadas del hambre o hundiéndose en un sueño profundo con el cuerpo exhausto.»

Comienza Soylent Green.

«SOYLENT GREEN» 

 

ENLACES RELACIONADOS

Ibsen. «Un enemigo del pueblo». Incluye la película.

1984 (George Orwell). Película (Orson Welles).

Fahrenheit 451 (Ray Bradbury).

Carta de una desconocida (Stefan Zweig). Película.

Sobre «El Diario de Ana Frank». Incluye la película.

«Salomé». Oscar Wilde, Alla Nazimova (película).

James Joyce: «Los muertos». Incluye la película.

«El regador regado». Primera película de ficción.

El pequeño lord (Frances Hodgson Burnett). Incluye la película.

El espíritu de la Ilustración (Tzvetan Todorov).

Los evangelistas de la muerte.

En la colonia penitenciaria (Franz Kafka).

La librería de los escritores (Mijaíl Osorguín).

Los huevos fatales (Mijaíl Bulgákov).


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