RUBÉN DARÍO

«… pues, como dijo un hada linda,
los versos son flores rimadas.»

Déjate llevar por el runrún de la rima, es lo primero que te diría joven lector que te acercas a la poesía de Rubén Darío. Siente el ritmo que marcan sus versos. Goza de la belleza de las palabras que escoge, de las palabras con las que hilvana metáforas y alegorías, como si se tratara de confeccionar un bordado frisado de Valladolid. Así de rica, colorida y refinada es su poesía.

Los poemas que hoy dejo para ti los he seleccionado con mucho cuidado, pues Rubén Darío fue un engañador que puso al servicio de su virtuosismo técnico el mundo de las hadas, los duendes y las princesas, existencias que tú conoces a través de la literatura infantil. Pero debes estar alerta, pues su poesía es un banquete donde cenan, además de los personajes de tus cuentos, otros invitados llegados de la mitología griega y romana y de las leyendas populares de su querida América.

Rubén Darío construyó un castillo mágico para sus ideas. Los muros del castillo los levantó con sus cuentos y relatos, los suelos y el tejado con sus artículos y los torreones con su poesía. En ese castillo vivieron dos dueños bien avenidos: uno se llamó Erotismo y el otro Lirismo.

Y, escúchame bien, porque es relevante, en esa fortaleza el amor y la muerte se debaten; la alegría y la tristeza comparten espacio, como sucede en la vida misma. Otro dato importante que debes tener en cuenta, para comprender mejor el mensaje de Rubén Darío, es que la raíz de su obra no es sólo humanista, sino cristiana.

La forma no es más que rico ropaje con el que vistió al hombre de su tiempo, al que vio solo y perdido. Todas esas sedas, encajes y deslumbrantes piedras; todos esos jardines florecidos en los que cortó las rosas con las que construyó poemas; todas esas avecillas exóticas que han trovado en sus poesías y todos esos personajes tan diversos y con nombres que pueden resultarte extraños -Orfeo, Pan, Eros, Venus, Punck, Apolo…- no son más que distracciones.

Escucha Los motivos del lobo, poema que te dejo al final de la entrada en una versión que encontré en You Tube y que es una loa a un mamífero que suele ser el malo de los cuentos clásicos. Escúchalo y piensa: ¿Por qué ha usado a un lobo para hablar de la vileza humana? ¿Qué sucede para que la fiera decida volverse a la montaña y ejercer, con más rabia, su condición de lobo? ¿Quiénes provocan su decepción?

Cuando tomes conciencia de lo que has leído se te escapará un «¡Guau!» y te quedará en la boca un sabor dulce y un regusto amargo. Es el sabor de la poesía y la prosa modernista, preciosista y culta, de la que Rubén Darío fue su fundador y máximo exponente.

El Modernismo surgió en Hispanoamérica como un movimiento literario, aunque sus éxitos mayores se los regaló la poesía. El Modernismo se situó en el período de la historia que va desde 1880 hasta la llegada de la Primera Guerra Mundial (1914). Es el tiempo en el que el capitalismo maduró, el de la Segunda Revolución Industrial, y el momento en el que se abrió en dos la tierra, dejando a un lado a los que amasaban riqueza y al otro a los que se ahogaban en la pobreza.

El Modernismo surgió en la época en la que la moda, nacida en los talleres parisienses, ocupó un lugar relevante en la sociedad. Era una moda elegante y donde los complementos jugaban un rol importante. Los aires orientales, llegados a Occidente gracias a las nuevas tecnologías que hicieron de los barcos un medio de transporte ágil, también encontraron voz en la literatura, la poesía y el arte. Esa voz recibió el nombre de «japonismos».

Con lo que heredó del Romanticismo, con lo que aprovechó del Parnasianismo (búsqueda de la perfección de la belleza), con lo que hurtó al Simbolismo (huida de la realidad) y con lo que te he ido relatando, el Modernismo construyó su propia manera de contar la vida. En ese ambiente fue en el que Rubén Darío escribió Azul (1880), Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905).

Y lo hizo valiéndose de recursos literarios como la adjetivación, la metáfora, la sinestesia (descripción de sensaciones que significan otra cosa: «aire de cristal», por ejemplo), el juego de palabras, las aliteraciones (repetición de un mismo sonido en una frase), de anáforas (repetición de una o varias palabras al comienzo de los versos), del uso de vocablos extranjeros, imaginados, de localismos…

II

¿Cómo hablan los chicos? ¿No inventan palabras, no las repiten a su manera? ¿No gustan de los trabalenguas? Pero, también, ¿no huyen de la lógica?

En la literatura infantil y juvenil la ficción no tiene por qué estar atada a la razón. En las narraciones infantiles y juveniles sólo mandan los elfos y las brujas, las princesas secuestradas, los valientes caballeros, los magos y los centauros… En esos cuentos… lo fantástico es real.

Creo que Rubén Darío exprimió las historias antiguas contadas a los niños, que de textos infantiles rescató el uso de palabras cadenciosas, extravagantes o inventadas, así como la utilización de palabras difíciles de pronunciar y la repetición de frases o vocablos. Y lo que es más importante: creo que recuperó la metodología que utilizaban los adultos con los chicos para evidenciar peligros, y que no era otra que la de cubrir los sinsabores de la vida con rasos hechos de hilos invisibles.

¡Ah, la fantasía!, la reina ante la que pequeños y jóvenes se rinden, es la ¡monarca del Modernismo!

En los textos fantásticos y mágicos todo es posible. Por eso, Rubén Darío encuentra en este género tierra rica donde sembrar su obra. Como un halcón blanco, Rubén Darío persiguió una presa para alimentar sus cuentos y poesías, ese trofeo no fue otro que la armonía.

Los sonidos de arpas, trompetas, siringas y clavicordios escapan por las ventanas abiertas del castillo modernista de Rubén Darío. Muchacho, acércate a ellas y mira sin pudor, ¡mira cómo danza la melancolía!

Escribió Rubén Darío, refiriéndose a la música: «Mi verso ha nacido siempre con su cuerpo y con su alma, bajo el divino imperio de la música de las ideas, música del verbo». Ilustro los poemas con notas musicales. Ah, y recuerda que al final te espera la dramatización del poema Los motivos del lobo.

POEMAS

AMO, AMAS…

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo obscuro del lodo:
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

A UNOS OJOS

El sol con sus rayos rojos
ya no brilla, ya no arde;
que está dormida la tarde
y está dormida en tus ojos.

Al morir, con mil halagos
te deja en ellos el día
su vaga melancolía
y sus resplandores vagos;

y al tender la noche el velo
por las esferas obscuro,
te ruega que guardes puro
el diáfano azul del cielo.

Por eso, hermosa, los tules
que en tus ojos hay presentes,
son vagos y transparentes,
son soñolientos y azules.

Por eso con rayos rojos
el Sol ni brilla ni arde,
que está dormida la tarde
y está dormida en tus ojos.

ANTONIO MACHADO

Misterioso y silencioso
iba una y otra vez.
Su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.
Cuando hablaba tenía un dejo
de timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos
casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo
como era hombre de buena fe.
Fuera pastor de mil leones
y de corderos a la vez.
Conduciría tempestades
o traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
y del amor y del placer.
Cantaba en versos profundos
cuyo secreto era de él.
Montado en un raro Pegaso,
un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses;
ellos le salven siempre. Amén.

LOS PIRATAS

Remacha el postrer clavo en el arnés. Remacha
el postrer clavo en la fina tabla sonora.
Ya es hora de partir, buen pirata, ya es hora
de que la vela pruebe el pulmón de la racha.

Bajo la quilla el cuello del tritón se agacha
y la vívida luz de relámpago dora
la quimera de bronce incrustada en la proa,
y una sonrisa pone en el labio del hacha.

¡La coreada canción de la piratería
saludará el real oriflama del día
cuando el clarín del alba nueva ha de sonar

glorificando a los caballeros del viento
que ensangrientan la seda azul del firmamento
con el rojo pendón de los reyes del mar!

FLORES

Señor, las flores consuelan
cuando sus encantos ofrecen,
a las mariposas que vuelan
y a las almas que se entristecen.

Y entre la música nocturna,
o entre los diamantes del día,
cuando Flora vuelca su urna
es más alegre la alegría.

La flor en su gracia resume
mucho de nuestro humano ser,
pues tiene unida a su perfume
un alma como la mujer.

En el Edén, en su delirio,
al erguirse Eva, esplendorosa,
«¡Mi Emperatriz!», exclamó el lirio
y «¡Mi reina!», dijo la rosa.

Y la reina del Paraíso
sonrió a las flores lozanas.
Solazarse con ellas quiso.
Dijo: «¡Buenos días, hermanas!»

Ella compara, alegre, franca,
y acariciando hoja por hoja,
con su frente la rosa blanca,
con sus labios la rosa roja.

Y en el glorioso amanecer
de la terrena juventud,
hicieron flores y mujer
una admirable sisterhood.

Así el poeta versos brinda
a las reinas y a las amadas;
pues, como dijo un hada linda,
los versos son flores rimadas.

LA VIDA Y LA MUERTE

¿Quién nos brinda la urna henchida?
¿Quién nos da la estrella encendida?
¿Quién le da la sangre a Panida?
La Vida.

¿Quién la copa fragante vierte?
¿Quién detiene el paso a la suerte?
¿Quién a la Esperanza pervierte?
La Muerte.

LO QUE YO TE DARÍA

Un cestillo de blancas azucenas
donde una mano breve
coloque, entre armonías y rumores,
rocío transparente;

un rayo misterioso de la luna
empapado en el éter;
un eco de las arpas que resuenan
y el corazón conmueven;

un beso de un querube en tus mejillas,
algo apacible y leve;
y escrita sobre la hoja de albo lirio
una rima de Bécquer.

MEDALLONES
III
WALT WHITMAN

En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro, tiempo mejor.
Dice el águila: «¡Vuela!»; «¡Boga!», al marino

y «¡Trabaja!», al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

¿DÓNDE ESTÁS?
Odita

Estrella, ¿te has ido al cielo?
Paloma, ¿te vas de vuelo?
¿Dónde estás?
Ha tiempo que no te miro:
¿te fuiste como un suspiro
y para siempre jamás?

Vivaracha muchachita,
¿es que Puck te ha dado cita
en recóndito jardín?
¿Es que partes al llamado
de algún tierno enamorado
Serafín?

Primorosa musa mía,
mensajera de alegría,
dulce flor;
¿por qué ocultas el semblante
a los ojos de tu amante
soñador?

¿Es que tienes un palacio
de diamante, de topacio,
en un mágico país?
¿Es que algún genio te manda
a Bagdad, a Samarkanda
o a París?

¿O en el carro de algún mago,
o en un cisne, sobre un lago,
como un ramo de jazmín,
vas brindando tu delicia
mientras suave te acaricia
un hermoso Lohengrín?

Deliciosa chiquitina,
que en tu risa cristalina
das la gama del amor;
mariposa pintoresca,
siempre viva siempre fresca
de perfume embriagador;
Yo sabía

que por ti la luz del día
recelosa estaba y fiera;
que por ti sufre e irrita
la envidiosa señorita
Primavera.

Pero, ¿dónde estás, mi vida?
Si en un bosque estás perdida,
o en un negro torreón,
donde el vivo amor te prende
de algún genio, de algún duende
de la corte de Oberón;

si un osado caballero,
como a un ángel prisionero,
te llevó,
mi Zoraida, mi Fátima,
quien te busque y te redima
seré yo.

Pero mándame un mensaje
con tu enano, con tu paje,
con el viento, con el sol,
o, aromado con tu aroma,
que lo traiga una paloma
tornasol.

¿Vuelves? ¿Vienes? ¡Estoy triste!
Más cruel dolor no existe
que el no verte nunca más.
Dime, perla, margarita,
primorosa muchachita
¿dónde estás?

EL CANTO ERRANTE

El Cantor va por todo el mundo
sonriente o meditabundo.

El cantor va sobre la tierra
en blanca paz o en roja guerra.

Sobre el lomo del elefante
por la enorme India alucinante.

En palanquín y en seda fina
por el corazón de la China;

en automóvil en Lutecia;
en negra góndola en Venecia;

sobre las pompas y los llanos
en los potros americanos;

por el río va en la canoa,
o se le ve sobre la proa
de un steamer sobre el vasto mar,
o en un vagón de sleeping-car.

El dromedario del desierto,
barco vivo, le lleva a un puerto.

Sobre el raudo trineo trepa
en la blancura de la estepa.

O en el silencio de cristal
que ama la aurora boreal.

El cantor va a pie por los prados,
entre las siembras y ganados.

Y entra en su Londres en el tren,
y en asno en Jerusalén,

Con estafetas y con malas,
va el cantor por la humanidad.

El canto vuela, con sus alas:
Armonía y Eternidad.

DEL CAMPO

¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires
quedaron allá lejos el fuego y el hervor;
hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida,
respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol.

Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura
que brota de las ramas de tu durazno en flor;
formada de rosales, tu calle de Florida
mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport.

Un pájaro poeta rumia en su buche versos;
chismoso y petulante, charlando va un gorrión;
las plantas trepadoras conversan de política;
las rosas y los lirios del arte y del amor.

Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas,
de sueños millonarios, pasa el travieso Puck;
y, espléndida sportwoman, en su celeste carro,
la emperatriz Titania seguida de Oberón.

De noche, cuando muestra su medio anillo de oro
bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot,
es una fiesta pálida la que en el huerto reina,
toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol.

Curiosas las violetas a su balcón asoman.
Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!»
Los silfos acompasan la danza de las brisas
en un walpurgis vago de aromas y de visión.

De pronto se oye el eco del grito de la pampa;
brilla como una puesta del argentino sol;
y un espectral jinete como una sombra cruza,
sobre su espalda el poncho; sobre su faz, dolor.

-¿Quién eres, solitario viajero de la noche?
-¡Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó!
¡Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre,
de nuestra vieja patria llevando el corazón!

PEQUEÑO POEMA INFANTIL

Las hadas, las bellas hadas,
existen, mi dulce niña,
Juana de Arco las vio aladas,
en la campiña.

Las vio al dejar el mirab,
ha largo tiempo, Mahoma.
Más chica que una paloma,
Shakespeare vio a la Reina Mab.

Las hadas decían cosas
en la cuna
de las princesas antiguas:
que si iban a ser dichosas
o bellas como la luna;
o frases raras y ambiguas.

Con sus diademas y alas,
pequeñas como azucenas,
había hadas que eran buenas
y había hadas que eran malas.

Y había una jorobada,
la de profecía odiosa:
la llamada Carabosa.

Si esta llegaba a la cuna
de las suaves princesitas,
no se libraba ninguna
de sus palabras malditas.

Y esa hada era muy fea,
como son
feos toda mala idea
y todo mal corazón.

Cuando naciste, preciosa,
no tuviste hadas paganas,
ni la horrible Carabosa
ni sus graciosas hermanas.

Ni Mab, que en los sueños anda,
ni las que celebran fiesta
en la mágica floresta
de Brocelianda.

Y, ¿sabes tú, niña mía,
por qué ningún hada había?
Porque allí
estaba cerca de ti
quien tu nacer bendecía:
Reina más que todas ellas:
la Reina de las Estrellas,
la dulce Virgen María.
Que ella tu senda bendiga,
como tu Madre y tu amiga;
con sus divinos consuelos
no temas infernal guerra;
que perfume tus anhelos
su nombre que el mal destierra,
pues ella aroma los cielos
y la tierra.

LOS MOTIVOS DE LOBO

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