Más de quinientas mil personas han perdido la vida en Siria y se cuentan por miles los desaparecidos.


Fotografía de un bombardeo en Siria, periódico “Clarín”, Buenos Aires.

SIGLO XXI

Tengo serias dudas de que murió como merecía.
Cargó al mundo de angustias,
apagó alientos,
dejó árboles desnudos, estrellas desprotegidas.

El río escupe guijarros.
El lobo bebe oculto tras las sombras
y revuelve con sus fauces el agua mansa,
enturbiando la transparencia con su escupitajo fiero.

Merodeando por callejuelas y terrazas,
donde se escuchan las risas fútiles de los olvidadizos,
la fiera anda.

Se confunde entre la gente
que dice a su barbero “déjemelo mono”
-y las tijeras cortan, la navaja detalla,
el peluquero calla.
Y el imbécil presume de bigotito pequeño y negro.

Bajo el influjo de una nueva esvástica,
los modernos fanáticos de lo efímero
bailan al ritmo de sus cadenas.

No ayudan. No aman.
No lloran. No siembran.
No preguntan. Se aburren.
No piensan.


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