«SOROLLA FEMENINO PLURAL». PINTURA.

«El agua era de un azul tan fino y la vibración de la luz era una locura…»

Labradora valenciana, óleo sobre lienzo, 1901.

¿Cómo dotar de luz mediterránea a a las olas, a los cuerpos revolcados en la arena y a los rayos del sol que zigzaguean entre las hojas? ¿Cómo trasladar a los lienzos esa viva luz de infinitas tonalidades? ¿Cómo?

Joaquín Sorolla, impresionista sin proponérselo, naturalista de siempre, costumbrista en sus comienzos y monarca español del luminismo, partiendo de un blanco intenso consiguió una variedad de gamas que asombra. Es su paleta rica en matices albos la respuesta a las preguntas arriba planteadas.

Joaquina la gitana, óleo sobre lienzo, 1914.

Los paisajes y los retratos son los temas que atrajeron a Sorolla. Sorolla fue, en un tiempo en el que la forma comenzaba a desdibujarse, fiel al trazo figurativo. En su obra pictórica el motivo nunca desapareció, aunque, con el pasar de los años, el tema cedió el protagonismo a una composición con atmósfera de luz y color.

Sorolla fue pintor de mujeres. Y no solamente por el gozo de reflejar rostros hermosos, vestimentas y joyas —era seguidor apasionado de la moda—; pues Sorolla no sólo pintó mujeres de clases pudientes luciendo sus mejores galas, también pintó mujeres obreras en plena faena.

La obra del artista valenciano tiene dos lados: uno comercial y contemplativo —más cercano a la estética modernista— y otro de carácter social. Y aquí enlazo ya con el objetivo de esta reseña, que no es otro que llevar a tu hogar una pequeña muestra de la exposición Sorolla femenino plural, exposición que se encuentra dentro de la casa-museo del pintor.

Trata de blancas, óleo sobre lienzo, 1894.

Sorolla femenino plural nos muestra cuadros de mujeres ajenas a la familia del artista valenciano —es de todos conocidos que su mujer y sus hijas fueron sus modelos habituales—. La exposición abarca las facetas en las que se divide su pintura: hay retratos sobrios y elegantes, cuadros recreativos y pinturas que muestran destinos sufridos; pero todos revelan el temperamento de un hombre de corazón abierto y entregado a su oficio.

Espacio-motivo-luz. Esa es la fórmula de Sorolla, fórmula que llevó a los lienzos con pinceladas muy variadas; pues, en sus cuadros, las hay anchas, largas, abocetadas, empastadas, diluidas, cortas… Los pinceles trabajaban para conseguir los tonos azulados o verdosos con los que alcanzaba su luz brillante, porque en Sorolla la luz es símbolo de vida; quizás esta condición de su arte —el optimismo que emana de sus lienzos— sea lo que explique cómo, en la época en que los ismos se sucedían, él no paraba de vender cuadros de estética naturalista.

Ofrenda de flores a la Virgen, óleo sobre lienzo, 1900.

He vuelto a desviarme del objetivo de Sorolla femenino plural —¡qué feo es este título, qué poco poético para un artista tan lírico!—, que no es otro que proponernos la visión de un Sorolla cercano a las mujeres, que no un Sorolla feminista; pues no lo fue.

El sufragismo demoró en llegar a España, pero esto no quiere decir que Sorolla no estuviera al tanto de las reclamaciones de estos movimientos activos en Estados Unidos y en otros países de Europa. Sorolla viajó mucho, así que no era ajeno a la lucha de las mujeres por sus derechos civiles y políticos —la educación de sus hijos demuestra que él fue hombre de ideas liberales.

Imagen de una de las salas.

Joaquín Sorolla, pintor de mujeres, pintor de luz tamizada por toldos y sombrillas. Pintor impresionista… a su manera —buscó capturar la luz cambiante que envuelve las superficies sin abandonar el dibujo figurativo—; pintor fecundo —se conservan más de dos mil doscientos cuadros, catorce murales, llamados por él Visión de España, y unos cientos de dibujos— y retratista de escritores, artistas, nobles, burgueses, campesinos, pescadores, bordadoras, gitanas… 

Y ahora les dejo con la pequeña galería que he preparado para ustedes. He separado los cuadros por temas y, como siempre, disculpen si las fotografías que he realizado resaltan los brillos de los barnices, pero resulta infructuoso luchar con la luz, ¿verdad, Sorolla? Tú lo sabes, tú que eres la mirada optimista de tu España.

GALERÍA

OFICIOS


Bordadora valenciana, óleo sobre lienzo, 1901.

Pescadoras valencianas, óleo sobre lienzo, 1903.

La actriz Doña María Guerrero como «La dama boba», óleo sobre lienzo, 1906.

Vendimiando, óleo sobre lienzo, 1914.

ESCENAS COSTUMBRISTAS

Familia valenciana, óleo sobre lienzo, 1894.

Ruinas de Buñol o La despedida, óleo sobre lienzo, 1895.

Pro domo sua, óleo sobre lienzo, 1893.

RETRATOS

María de los Ángeles de Beruete y Moret, óleo sobre lienzo, 1904.


María la guapa, óleo sobre lienzo, 1914.

Catalina Bárcena (actriz nacida en Cuba que trabajó en la compañía de María Guerrero y que filmó algunas películas en Hollywood), óleo sobre lienzo, 1919-1920.

DESNUDOS


Desnudo de mujer, óleo sobre lienzo, 1885.

Después del baño, óleo sobre lienzo, 1892.


Desnudo de mujer, óleo sobre lienzo, 1916.

FANTASÍA ORIENTAL


Mesalina en brazos de un gladiador, óleo sobre lienzo, 1886.

Odalisca, óleo sobre lienzo, 1884.

Bueno, amigos, ha llegado la hora de despedirme de ustedes por hoy. Te propongo que te acerques a la casa-museo de Joaquín Sorolla. Allí no sólo te esperan los cuadros dedicados a esta exposición; allí hay muchos más; además, el placer de poder contemplarlos, visitando las salas donde el pintor de la luz vivió su vida en familia, yo no te lo puedo entregar.

ENLACES RELACIONADOS

Joaquín Sorolla, Oscar Wilde y la moda.

El río. Reflexión inspirada en un dibujo de Sorolla.

Emilio Grau Sala. Acuarelas y óleos.

Ignacio Zuloaga en el París de la Belle Époque, 1889-1914.

«Invitadas». La mujer, el arte y el siglo XIX.

 


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