TARDÍA FAMA

«Sin embargo, nos pareció superfluo anteponer a las numerosas bagatelas presentadas en el recital una especie de discurso programático en que presumían de ser los auténticos heraldos del único arte beatífico. Sí, debemos decirlo: estos jóvenes señores saben tocar la trompeta, pero poco más.»

Grillo fumador, Ludwig Heinrich Jungnickel, grabado en madera, 1910.

El arte, hijo nacido de hombre, requiere de un espejo donde contemplarse. Si el espejo falta la obra creada queda incompleta; si la luna se quiebra en mil pedazos, el resultado se altera. Sin espejo, sin público, no hay espectáculo.

La suerte, o mala suerte, del éxito de un artista depende, en gran medida, del grupo donde se halle. Puede decirse que existen cuatro categorías y que en sólo dos se miden los niveles de aplausos.

La primera y más deseada, pero más exclusiva, agrupa a hombres de grandes talentos, reconocidos y aplaudidos por sus aptitudes. Son hombres de éxito. La segunda categoría reúne a personas mediocres que concentran en ellas una serie de características personales que interesan a los grandes propagadores de arte. Son oportunistas al servicio del poder que los publicita y cosechan éxitos a medida. En la tercera categoría encontramos a los más vulnerables, a los más sufridos, a los talentosos destinados al anonimato por falta de medios, por no tener enchufes o por no prestarse a ser comprados. Son nombres que, en vez de vítores, acumulan desengaños.

¡Ah!, pero en la cuarta y última categoría descubrimos a los hombres sin ingenio… ¡que creen tenerlo! Es la colectividad de los invidentes —la más numerosa y reivindicativa—; y se destaca por ir contracorriente y por creerse la avanzadilla de nuevos estilos artísticos.

Tardía fama es una novela corta y de gran intensidad. Es una novela donde Arthur Schnitzler (1862-1931) destripa, con su característico tono burlón y crítico, a los intelectuales de la cuarta categoría, los que ocultan su falta de ingenio provocando una lucha dialéctica contra los que «andan por el camino trillado». Estos personajes son incapaces de reconocer sus limitaciones, pues son tan incendiarios que el humo, que desprende su corta mecha, los ciega.

A diferencia de otras novelas de Schnitzler, donde el monólogo interno tiene una gran repercusión en el texto, el autor en Tardía fama escoge la forma literaria del diálogo. El diálogo le permite que sus personajes suelten la lengua. El diálogo es el recurso técnico con el que nos muestra la psicología de los mismos. Son orgullosos, excéntricos, agresivos, envidiosos, ignorantes…

La intención de Schnitzler es exponerlos al público, al auditorio que ansían tener y al que desprecian, pues, para los mediocres presuntuosos, el espectador es el responsable de la situación de marginalidad en la que se encuentran. Sólo hay un sujeto que recuerda que la audiencia es necesaria:

«—Lo principal, además, no son los periódicos —dijo Blink—. Lo que importa es el público».

Tardía fama fue escrita en Viena, la ciudad del autor, entre 1894 y 1895. Arthur Schnitzler era médico, compañero de Theodor Hermann Meynert (1833-1892) —maestro de Freud— y miembro del movimiento de la Joven Viena (1890-1910).

Schnitzler y otros intelectuales judíos, como Karl Kraus (1874-1936), Hugo van Hoffmannsthal (1874-1929), Gustav Mahler (1860-1911), Ludwig Wittgenstein (1889-1951), Arnold Schönberg (1874-1951), Sigmund Freud (1856-1939) y Joseph Roth (1894-1939), tuvieron mucho que ver en el hecho de que Viena se convirtiera en el centro de todas las miradas de la Europa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX —muchos de los judíos aclamados en las tertulias de los conocidos «salones» de la capital, cuando el nacionalsocialismo se hizo con el control del poder, fueron marginados de la vida pública o asesinados.

El primer trabajo de Sigmund Freud que da inicio a sus análisis sobre la libido, Estudio sobre la histeria, se editó en 1895, el mismo año de publicación de Tardía fama que, por cierto, da rienda suelta a al delirio colectivo de un grupo de gentes que sienten que no son comprendidos y que son tratados injustamente por la sociedad. Es interesante cómo se manifiesta en ellos la relación de amor=odio=necesidad=desprecio hacia la colectividad.

Freud y Schnitzler se conocieron. En 1922, en una carta que el psicoanalista envía al célebre escritor, y que demuestra la admiración que siente por él, dice:

«Su determinismo así como su escepticismo —que la gente llama pesimismo—, su penetración en las verdades del inconsciente, en la naturaleza de las pulsiones del hombre, su demolición de las certezas convencionales de la civilización, la adhesión de sus pensamientos a la polaridad entre amor y muerte, todo me sorprendió con una inquietante familiaridad».

A pesar de que en Tardía fama encontramos personajes con formas muy variopintas en el fondo todos se parecen. Y todos están condicionados por un protagonista que no se manifiesta explícitamente, pero que tiene un papel primordial: el Tiempo.

Tres guacamayos, Ludwig Heinrich Jungnickel, grabado en madera, 1909.

El Tiempo tiene en Tardía fama un socio particular. El aliado es un poemario de juventud titulado Andanzas. Andanzas, escrito por el anciano Saxberger, es la obra de culto del grupo de jóvenes que han designado a su autor como Poeta Emérito y Venerable Maestro.

El poeta venerado, que renunció a su vocación de escritor para convertirse en un funcionario público, que en treinta años no ha sentido la necesidad de escribir un solo verso, se ve envuelto en una maraña que lo desquicia hasta tal punto de creerse que es lo que no es. Futuro y pasado.  Saxberger simboliza el futuro de sus vanidosos seguidores y en estos el anciano visualiza su pasado.

Y el Tiempo jugando su partida con los ciegos. ¡Cuánta ironía se desliza por esta magnífica novela!

Andanzas es el poemario que levita sobre la trama. Entusiasmo es el nombre que el grupo de jóvenes pone a la asociación que crean. ¿Logrará el anciano terminar el poema que le piden? Y si es así, ¿entusiasmará al público su nueva creación? En la réplica está la clave de Tardía fama.

El arte, como hijo nacido de hombre, requiere de un espejo donde reflejarse.

Tardía fama está traducido por Adan Kovacsics. El libro se encuentra dentro del catálogo de la editorial Acantilado.

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