TOULOUSE-LAUTREC

«Siempre he sido un lápiz.»

Autorretrato.

El cartel publicitario forma parte indisoluble de la obra artística de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Son treinta y dos los carteles que realizó y que elevó a la categoría de arte gracias a que puso en ellos el mismo tesón que en sus dibujos y en sus lienzos.

El cartel publicitario, a diferencia de otras expresiones artísticas, requiere poder de síntesis y de convocatoria. Hay que contar todas las bondades del producto de forma nítida y provocativa; de manera que el transeúnte, que casi siempre va ensimismado en sus asuntos y dominado por las prisas, sienta el reto que el papel pintando le lanza cuando pasa cerca de una valla divulgativa.

May Belfort, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1895.
(La artista irlandesa, que trabajaba en el Café des Décadents, vestía trajes infantiles. Esta peculiaridad atrajo al pintor, quien la convirtió en una de sus modelos preferidas. Aquí aparecen ella y su minino representando «Tengo un gatito, le tengo mucho cariño».)

Toulouse-Lautrec era consciente del cambio social que estaba revolucionando la vida de su tiempo. Los artistas innovadores de la Belle-Époque dejaron de soñar con el pasado lejano, dejaron de pintar poesía, dejaron la melancolía romántica y se centraron en el sentimiento de libertad que regía la existencia por entonces. Ese sentimiento de libertad está presente en el trazo enérgico, veloz, definido y puro de las figuras de Toulouse-Lautrec.

El pintor de Albi llevó a sus carteles el ardor de la calle. Pero a diferencia de sus antecesores y de sus contemporáneos, dados a los excesos de imágenes, Toulouse-Lautrec despejó el cartel de todo lo superfluo —llegó, incluso, a ajustar la tipografía al asunto en cuestión—. La moderación es una de las características fundamentales de sus anuncios. La sobriedad lo ayudó a centrar el mensaje y despejó fondos —los fondos quedaron limpios de trivialidades.

Jane Avril, litografía sobre papel dibujada con pincel, 1899.
(Puede apreciarse la línea sinuosa del Art Nouveau. Este cartel, tan conocido por nosotros, fue rechazado por el agente de la bailarina. Tuvo, solamente, dos ediciones limitadas.)

En Jane Avril las líneas curvas están acentuadas por la serpiente que rodea el torso de la bailarina. Avril canta y gesticula dramáticamente ante la amenaza del reptil. El dinamismo gráfico se suma aquí a la concisión y a otra característica de sus carteles: el decorado neutro.

En el anuncio La Goulue aparece la bailarina danzando sobre el tablado del Moulin Rouge. Su falda se mueve ante la atenta mirada de un público que se muestra en sombras chinescas. El auditorio se evoca a la manera de las estampas japonesas. Un perfil masculino rompe el plano.


La Goulue, litografía sobre papel dibujada con pincel y estarcido, 1891.
(Aparecen Le Désossé, el compañero de baile de la vedette, y La Goulue, que está en plena actuación, girando con furor. El  modo de tratar el tema causó sensación en el público. El pintor personalizó la profesión de La Goulue, la plasmó en el papel. El impacto que produjo en los espectadores el realismo y la mordacidad que reflejó en sus carteles lo consagró a la fama desde el inicio. Este fue su primer anuncio publicitario y aquí ya encontramos, en el hombre de perfil, otra peculiaridad de sus carteles: la figura cortada.)

En El dorado, uno de los afiches que hizo para publicitar al famoso cantante Aristide Bruant, apreciamos otro guiño de Toulouse-Lautrec al japonismo. Se trata del monograma HTL. El artista sustituyó su firma por el monograma en 1892.

Eldorado. Aristide Bruant, litografía dibujada con pincel y estarcido estampada sobre dos caras de pergamino, 1892.
(Es el segundo de los tres carteles en plano americano que realizó para el cantante. Aquí puedes apreciar, a la derecha y abajo, la marca HTL.)

En El Alba el pintor cuenta, sin contar, el objetivo de su anuncio. Es una litografía de atmósfera que muestra a unos hortelanos trasladando su mercancía a la ciudad —el foco de luz nos dice que están acercándose a su destino y la ausencia de casas que aún no han llegado.

Es curioso que Toulouse-Lautrec haya preferido destacar la figura del percherón, al que ha regalado el haz de luz. El pintor conoció el mundo del caballo desde niño, pues acompañaba a su padre a las competiciones ecuestres. Toulouse-Lautrec dejó constancia en sus obras de la pasión que en él despertaba ese inteligente y generoso animal.

El alba, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1896.
(Fíjate cómo describe el amanecer, lo hace con un cielo que aún no clarea y con una farola que ilumina la escena.)

Diván japonés es otro ejemplo de su particular manera de crear ambientes.

En Diván Japonés apreciamos una figura masculina cortada por el borde del papel. Ese señor, de labios carnosos y bastón a juego con su cabello y su barba, es Édouard Dujardin (1861-1949). Édouard Dujardin, editor y crítico de arte, es el autor de Han cortado los laureles, la novela que James Joyce (1882-1941) reconoció como inspiradora de su Ulises.

Diván japonés, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1893.
(La bailarina Jane Avril está representada como una elegante espectadora. Al fondo del escenario se ve una figura con guantes negros que pienso que puede ser Yvette Guilbert —Toulouse-Lautrec la pintó con esos guantes, que eran habituales en la famosa vedette—. El cartel fue hecho para anunciar el cambio de negocio —pasó de café a cabaret.)

La gitana muestra un rasgo particular de sus litografías con temática literaria. Como puede apreciarse, las figuras muestran la psicología y el carácter de los personajes a través del lenguaje corporal. Es esta otra característica de los anuncios artísticos de Toulouse-Lautrec.

La gitana es un cartel de colores fríos. Fue creado para un drama que se estrenó en el Teatro Antoine el 22 de enero de 1900 y que tuvo como protagonista a la actriz Marthe Mellot (1870-1947) —La gitana es una obra en cuatro actos de Jean Richepin (1849-1926).

La gitana, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido estampada sobre pergamino, 1899.
(Toulouse-Lautrec utilizó el efecto de la verticalidad para mostrar la superioridad de la mujer sobre el amante rechazado que marcha hacia los bordes del encuadre. Nos cuenta que la seductora triunfa —observa su sonrisa y su postura—. El anuncio dice mucho con muy poco. Es riguroso y elegante, como lo son las estampas japonesas. Fue su último cartel. El pintor falleció un año después de hacerlo.)

¿Y qué destaca en El artesano moderno? Pues la técnica de la caricatura, técnica que era habitual en las ilustraciones de la prensa escrita.

El artesano moderno, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel, estarcido y raspadores, 1896.
(El trabajo se debe a un encargo de su amigo André Marty, quien cambió la editorial por la decoración de interiores. Aquí aparece el artesano disfrazado de médico ante el asombro de la criada —está en el tercer plano—. Y no sé si es mucho arriesgar, pero esta escena pícara me recuerda a «Pipo», la acuarela que Picasso pintó en 1901, el año en que murió Lautrec. La posición de la señora y el perrillo en la cama pueden haber inspirado a Picasso, quien reconoció siempre su admiración por Toulousse-Lautrec. Les dejo a «Pipo» para que comparen.)

Pipo, Picasso,  pluma, tinta, acuarela y lápiz, 1901.

La castellana o el augurio nos muestra el gusto del pintor por las líneas diagonales, también presentes en las estampas japonesas. El cartel se realizó para publicitar La Castellana, una novela romántica y con toques góticos que fue escrita por Jules de Gastyne (1847-1920).

La castellana o el augurio es una litografía hecha a dos tonos y con un dibujo de perfil nervioso, trazo que le permite a Toulouse-Lautrec transmitir el ambiente de lo que publicitaba.

La castellana o el augurio, litografía sobre papel dibujada con pincel y estarcido, 1895.
(¿Por qué abandonan el castillo, en una noche lúgubre, la señora compungida y el perro triste? ¡Ah…!, para dar con la respuesta hay que leer el libro. Este es un afiche de atmósfera que incita a comprar la novela.)

El público consumista de la Belle-Époque aprobó con entusiasmo la cartelería de Toulouse-Lautrec. Una obra gráfica donde el pintor dio a la figura humana la libertad que hasta entonces desconocía.

Las litografías de Toulouse-Lautrec muestran personajes que hablan y se mueven, figuras que representan la llegada y el asentamiento de la modernidad. El pintor de Albi vende productos… ¡haciendo arte!

La compañía de Mademoiselle Églantine, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1896.
(Jane Avril estaba en Londres cuando envió una foto de su compañía al pintor para que le hiciera, en tiempo récord, el cartel de la gira. El movimiento que se desprende en esta escena se debe al arabesco esparcido por todo el dibujo y a la posición de las piernas, que crean una perspectiva que es acentuada por los penachos de los sombreros. Avril está a la izquierda, bailando como si no hubiera un mañana. El toque negro en los complementos femeninos es otra característica de los anuncios de Toulouse-Lautrec.)

Toulouse-Lautrec fue un búho agarrado a la noche. No hubo actividad de placer nocturno que desdeñara. No hubo café-espectáculo, teatro alternativo, cabaret o burdel de Montmartre que no conociera.

El artista cató a conciencia los placeres que le ofrecía la noche parisina. Y aquel modo de vida, que le ayudaba a mitigar los complejos creados por una enfermedad consanguínea, se convirtió en alimento para su arte —los primeros cuadros que muestran escenas de prostíbulos están fechados en el año 1887.

Jane Avril. Jardín de París, litografía sobre papel dibujada con pincel y estarcido, 1893.
(Una mano sostiene un contrabajo en un primer plano. Jane Avril baila cancán y su rostro muestra concentración y placer. Es un cartel con ritmo y movimiento. La bailarina es un compás trazando circunferencias en el aire.)

En 1884, Toulouse-Lautrec decide trasladarse al norte de la capital francesa, al distrito de Montmartre, cerca de las noctámbulas inspiradoras de sus dibujos. Ellas, las modelos de sus obras, fueron, gracias a los carteles de su amigo,  influencers de moda.

En La estampa original contemplamos, por ejemplo, a la bailarina del Moulin Rouge. Está elegantemente vestida. Jane Avril, quien se nos muestra, una vez más, como una señora de clase alta, lleva un sombrero de precio prohibitivo para la mayoría de sus contemporáneas.

La estampa original, litografía sobre papel dibujada con pincel y estarcido, 1893.
(Este anuncio inicia la colección publicada por André Marty en el «Journal des Artistes», serie que tenía la intención de reunir obras gráficas vanguardistas. Leí que el operario que aparece es Père Cotelle, litografista que fue decisivo en la carrera publicitaria de Toulouse-Lautrec.)

El crítico de arte Gustave Coquiot (1865-1926) describe en su monografía Toulouse-Lautrec (1913) cómo fue la relación que mantuvo el pintor con sus musas, mujeres maltratadas por una sociedad hipócrita. Gustave Coquiot cuenta que «(…) las chicas, tanto de la rue des Moulins como de la rue d’Amboise, o en otras casas, se portaban bien con ese muchacho que las acariciaba con franqueza; y en las fiestas, en los cumpleaños de cada una de ellas, las prodigaba con flores, pasteles, regalos de todo tipo; y si le tocaba presidir, en esas calurosas casas, alguna cena de gala, desempeñaba su papel con una distinción y una cordialidad que encantaba a las cortesanas».

El crítico, paisano de Toulouse-Lautrec, nos dice que «esas casas eran para él (para el pintor) su familia».

Reina de la alegría, litografía sobre papel dibujada con pincel y estarcido, 1892.
(Cartel publicitario para la novela del escritor, de origen polaco, Victor Joze Dobrski.)

Confeti, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1894.
(Hasta 1892 los confetis eran bolitas de yeso coloreadas que obligaban a las personas a ponerse máscaras para su uso. A partir de 1894, la empresa J.& E. Bella sacó al mercado confetis hechos de papel. El cartel fue encargado a Toulouse-Lautrec por los nuevos fabricantes del producto. Como vemos, la mujer es el «gancho». Es un afiche muy bonito, ¿a que sí?)

No hay sentimentalismo en el trato que el artista da a la figura femenina. Hay ternura. Y hay algo más, hay crítica a la sociedad refinada y perversa en la que vivió. El reproche a la doble moral se manifiesta en la imagen expresionista y caricaturesca de los tipos sociales que retrató —los clientes de los centros nocturnos son un ejemplo de ello.

El pintor fue un cronista de su tiempo. La Belle-Époque recoge la etapa de esplendor de los grandes almacenes descritos en las novelas de Honoré de Balzac (1799-1850). Es la era que inaugura las ligas de consumidores y las ventas de artículos a plazos. El consumismo es la marca de la modernidad. Y los anuncios de Toulouse-Lautrec no son ajenos a los reclamos de los nuevos clientes.

La cadena Simpson, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1896.
(Formato panorámico para mostrar —primer plano— las virtudes de las cadenas de los vehículos a dos ruedas. Aparece el empresario W.S. Simpson —segundo plano—, quien tiene detrás —tercer plano— a una orquesta de música y a la otra parte del pelotón. El cartel transmite la sensación de que las bicicletas se mueven a gran velocidad. Constan Huret, el ciclista profesional de la Belle Époque, es el rubio con cara de vencedor.)

Toulouse-Lautrec fue amigo de Jane Avril (1868-1943), de La Goulue (1866-1929), de May Belfort (1872-1929) y de Yvette Guilbert (1867-1944).  Fue amigo de las musas de sus carteles, las damas de la noche, las dueñas de una dura existencia.

En el mes de junio del 2017 publiqué El cartel publicitario y el cartel Art Nouveau. En el artículo no incluí los anuncios de Toulouse-Lautrec, pues deseaba que tuvieran un espacio en exclusiva.

El ahorcado, litografía sobre papel dibujada con lápiz, pincel y estarcido, 1892.
(«El ahorcado» fue encargado por el director de un diario de Toulouse para publicitar un folletín que aparecería en tres capítulos. A Toulouse-Lautrec le tocó ilustrar el primero de ellos, el que estaba basado en el caso «Calas», acontecimiento que hizo famoso Voltaire. Voltaire dedicó tres años de su vida a intentar reparar el daño que se le había hecho al señor Calas. Calas había sido acusado de asesinar al mayor de sus seis hijos. Sin embargo, este se había suicidado. El padre del suicida fue sometido a la rueda y desmembrado vivo. El pintor escenifica el momento en el que el progenitor encuentra al hijo ahorcado. Por cierto, Voltaire redactó el «Tratado sobre la tolerancia» durante el tiempo que duró el litigio.)

APÉNDICE

Finalizaré el artículo con una obra que no es de Toulouse-Lautrec, con una obra donde no aparece él y que no es un cartel. Terminaré el escrito con Música en las Tullerías, óleo de Édouard Manet (1832-1883).

¿Por qué introduzco una pieza que se supone que no tiene que ver con el tema que reseño hoy? Porque suponer no es más que creer que… En realidad, Música en las Tullerías es un cuadro que describe muy bien el ambiente burgués y próspero en el que se desarrolla el arte francés de la segunda mitad del siglo XIX, arte que dará lugar a la era de las vanguardias.

En el jardín del palacio de las Tullerías se daban conciertos de música tres veces a la semana. Se trataba de una actividad cultural y social destinada a la clase acomodada, que asistía para disfrutar de los recitales, exhibir sus trajes de moda y mantenerse al día en el oficio del cotilleo… mientras los violines sonaban.

Édouard Manet sacó la paleta de colores y el atril de los estudios iluminados con luz artificial. Manet se dispuso a crear a cielo abierto, aunque Música en las Tullerías, a pesar de describir lo que sucedía en el jardín, fue concebido en un estudio. El lienzo recrea un día de ocio.

Música en las Tullerías, Édouard Manet, óleo sobre lienzo, 1862.

(1. Édouard Manet; 2. Champfleury; 3. Comte Albert de Balleroy; 4. Eugène-Cyrille Brunet; 5. ¿Auguste Manet?; 6. Caroline Brunet; 7. Zacharie Astruc; 8. Henri Fantin-Latour; 9. Valentine Thérèse Lejosne; 10. Charles Baudelaire; 11. Théophile Gautier; 12. Baron Isidore Justin Séverin Taylor; 13. Marianne Offenbach; 14. Fréderic Bazille; 15. ¿Suzanne Manet?; 16. Léon Koëlla Leenhoff; 17. Eugénie-Désirée Manet; 18. Eugène Manet; 19. Jacques Offenbach; 20. Charles Monginot.)

Música en las Tullerías fue una obra incomprendida, maltratada por los articulistas aferrados a las viejas costumbres, por críticos que renegaban de los temas cotidianos, del dibujo al aire libre, de los colores vivos y duros —¡ni qué decir del negro puro!—, de la composición fotográfica en la pintura, de las manchas planas inspiradas en las estampas japonesas, de los elementos rescatados de los grabados, de la ausencia de un punto focal preciso…

Los críticos conservadores repudiaron todas las peculiaridades que hicieron de Música en las Tullerías (1862), Concierto campestre (1863) y Almuerzo en el taller (1868-1869) —todas obras de Manet— el epicentro del ciclón que trajo consigo la modernidad y que anuncia la llegada inminente de la Belle-Époque (1871-1914).

Baudelaire afirmó en un artículo escrito a raíz del Salón de 1846 que «todo tiempo tiene su belleza propia, oculta bajo la aparente uniformidad de la vestimenta moderna».

A continuación dejo dos videos que he encontrado en YouTube. En el primero, filmado allá por los años 20, podemos ver a La Goulue, la protagonista del cartel «Moulin Rouge».

El segundo video está concebido como un álbum fotográfico. Es un paseo en imágenes por la vida de Toulouse-Lautrec.

 

ENLACES RELACIONADOS

El cartel publicitario y el cartel Art Nouveau.

Los carteles de Roy Lichtenstein.

Han cortado los laureles (Édouard Dujardin).

Los impresionistas y la fotografía.

Gustave Caillebotte. La pintura y el impresionismo.

Phillips Collection. Impresionistas y modernos.

Los grabados de Matisse.

Max Ernst y su “Historia Natural”. Incluye el Prefacio que el artista escribió para su álbum.

El París artístico de fin de siglo, los grabados de Félix Vallotton y el Museo Guggenheim Bilbao.

Tiziano y Safo: “Poesías” y poemas.

 


Compártelo con tus amigos: