“Como el Cielo, sin duda, siempre sentí debilidad por los culpables (…)”


Tres casos policiales, tres crímenes cometidos por tres individuos, pertenecientes a mundos diferentes, dan la posibilidad a Marcel Jouhandeau (1888-1979) de hurgar en el alma humana. Los episodios recreados en Tres crímenes rituales (1962) ocurrieron en Francia a mediados de los años cincuenta del siglo pasado y fueron motivo de grandes titulares por su raíces especialmente amorales.

Tres crímenes rituales es un libro que muestra las reflexiones del autor sobre los vicios y las pasiones malsanas que renacen en cualquier época y lugar. Los crímenes recogidos en este volumen reúnen “todo lo que el hombre inventó para deshonrar de un modo muy solemne a la razón”.

Denise Labbé y Jacques Algarrón (“Los amantes de Vendôme”).

Marcel Jouhandeau intenta comprender la conciencia de los asesinos. El escritor francés, católico e inclinado a los asuntos místicos, se muestra más interesado en los criminales que en las víctimas de los casos que desmenuza. En su Advertencia, el autor deja claro que lo que busca es comprender los actos cometidos por los culpables, que su interés en estas historias radica en las motivaciones psíquicas que impulsaron a esos hombres a matar por vicio.

El autor quiere conocer el secreto, quiere saber cuáles son los fenómenos que interrumpen la conexión del hombre con las reglas morales que rigen su sociedad; pretende descubrir qué provoca que ese hombre, consciente de las repercusiones de sus actos, se abandone a sus pasiones. Se trata de un libro de naturaleza especulativa que indaga en la mente humana apoyándose en la crónica policíaca.

¿Quién es más culpable, el que ejecuta el acto criminal o el que lo planea? ¿En qué momento la línea que separa la parte humana de la inhumana se vuelve permeable? El escritor parte de una premisa para él indiscutible: toda persona lleva dentro de sí la semilla del mal, pues el pecado original “aqueja a toda la descendencia de Adán”.


El sacerdote católico Guy Desnoyers (“El caso del cura Uruffe”).

Otro problema que aborda Marcel Jouhandeau en el libro es el papel del jurado en la sentencia condenatoria.

En sus reflexiones sobre estos atroces crímenes, el escritor entra en un tema polémico al preguntarse si el jurado debe tener en cuenta las razones que motivaron al individuo a cometer el delito por el que se le juzga o si es suficiente el acto criminal para condenarlo. A fin de cuentas, nos dice el autor, el asesino es un hombre cargado de razones que lo conducen a su propia ruina. Esas motivaciones ¿no son la justificación de sus actos? ¿Acaso no valorarlas no conduce a un veredicto injusto?, se pregunta en un tiempo en el que solamente contaban las pruebas forenses.

Los casos recogidos en el volumen que hoy reseño son: el crimen del médico Évenou (El proceso Évenou-Deschamps), el asesinato cometido por el sacerdote Desnoyers (El crimen del cura de Ureffe) y el asesinato llevado a cabo por Denise Labbé, la madre que ahoga a su niña de dos años en agua y lejía para complacer a su amante (Los amantes de Vendôme).

Simone Deschamps (“El proceso Évenou-Deschamps).

Tres crímenes rituales escarba en las razones que conducen al hombre al odio, a la impiedad, a la imprudencia y al vicio. Para Marcel Jouhandeau el ser humano habita en soledad y su vida depende de la suma de sus actos conscientes y del resultado que consiga en el manejo de los imprevistos que se le presenten.

La reseña la ilustro con las fotografías de los culpables de los casos detallados en el libro. Tres crímenes rituales está traducido por Eduardo Berti y se encuentra dentro del catálogo de la editorial Impedimenta.

 


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