“¿Quién era Alejandro o mejor aún quién debería ser Alejandro?”.

La novela que hoy sugiero como señuelo para distraer las horas dedicadas al recreo nos ofrece detalles de la vida cotidiana de una Europa perturbada por la pandemia de peste que, entre 1347 y 1351 y sin piedad alguna, sembró la tierra de cuerpos muertos, poniendo, según el criterio mayoritario de los historiadores, punto final a una manera de sentir la vida.

La Muerte Negra ayudó a apagar los últimos destellos que alumbraban la era medieval. Las pulgas exterminaron a sus anfitriones. La enfermedad despobló territorios, retó a las viejas creencias religiosas, alteró el comercio y sus rutas habituales, puso en jaque a las ideas filosóficas de una sociedad que mostraba síntomas de agotamiento a principios del 1300. La enfermedad colaboró en la destrucción de la estructura social de la población europea de entonces.

Una azotea para Alejandro describe el mundo pequeño que late en uno más grande. En el doloroso ardor de la cotidianidad se desenvuelven los personajes que dan alma a una trama que cabalga entre el género del suspenso y el de aventuras.

Una azotea para Alejandro convierte a su autor en un cronista de época, en un restaurador laborioso y concienzudo que juega con dos mundos establecidos en un mismo espacio: el medieval y el renacentista, que se inicia entre los años 1369 y 1344. Esta reconstrucción de la historia, que tiene lugar en un contexto de ficción -la narración-, es para mí el valor más importante de la primera novela que publica Antonio González Croissier.

La primera epidemia de la segunda pandemia de peste -hasta el siglo XVIII Europa sufrió varios brotes-, no es el argumento principal del libro, es un acontecimiento secundario, un pretexto que facilita el desarrollo del verdadero asunto o, para ser más exactos, de los dos asuntos principales que encontramos: el que tiene que ver con una biblioteca oculta, y que ocupa la primera parte del libro, y el que tiene que ver con el retorno de los personajes a su lugar de origen y que da comienzo al desenlace de la historia. El autor escoge la técnica narrativa del suspenso para la búsqueda de los libros escondidos en un monasterio franciscano. Para la huida se decanta por el género de aventuras, aunque suspenso y aventuras se entrecruzan de manera intermitente a lo largo de las páginas.

El objetivo principal de Una azotea para Alejandro es el de entretener al lector, pero abarca un espacio mayor, porque distrae e ilustra. Los personajes desde el comienzo de la novela se ven inmersos en una serie de acontecimientos que hacen peligrar sus vidas -entre esas dificultades se encuentra la Muerte Negra-. Hay un lugar oculto, “la biblioteca del infierno”, que pone a prueba la curiosidad de los dos protagonistas principales de la primera parte de la novela. En la medida en que la historia avanza otros personajes van perfilándose y asumiendo un papel más relevante, como es el caso de Hynda, una mujer inteligente y diligente.

La curiosidad es un síntoma inequívoco de la necesidad de saber. El conocimiento incita a la actuación y la acción libera las ideas de las jaulas en las que han sido atrapadas. ¿Quiénes custodian esos libros prohibidos? ¿Qué planes tienen para ellos? ¿Qué dicen? ¿Serán ciertas las herejías que revelan? Esta última pregunta es respondida por el autor, aunque no con rotundidad. Este hecho permite que la respuesta final dependa de la visión que, sobre el asunto, tenga cada lector -se trata de una cuestión de fe, así que, con el consentimiento de Alejandro, que bien nos entenderá como defensor de la libertad de ideas que es, ejercemos nuestro derecho de no aceptar o de validar, según creamos, lo que los libros de esa biblioteca tan especial afirman.

Hay una biblioteca oculta a los ojos del mundo, hay espías al servicio del Vaticano, hay amor, hay traición, hay entrega generosa, hay arrepentimiento en esta novela que mezcla ficción (argumento) y realidad (contexto). Una azotea para Alejandro es un libro que muestra más que cuenta y por eso es tan rico en detalles que nos descubren la historia cotidiana de un mundo en ebullición.

Una azotea para Alejandro está publicado por la editorial Multiverso.


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