UNA AZOTEA PARA ALEJANDRO

«¿Quién era Alejandro o mejor aún quién debería ser Alejandro?»

Una azotea para Alejandro nos ofrece detalles de la vida cotidiana de una Europa perturbada por una pandemia que, sin piedad alguna, sembró la tierra de cuerpos muertos, poniendo, según el criterio mayoritario de los historiadores, punto final a una manera de sentir la vida.

La Muerte Negra (1347-1351) ayudó a apagar los últimos destellos que alumbraban la era medieval. Las pulgas exterminaron a sus anfitriones. La enfermedad despobló territorios, retó a las viejas creencias religiosas y alteró el comercio y sus rutas habituales. La peste puso en jaque las ideas filosóficas de una sociedad que mostraba síntomas de agotamiento a principios del 1300.

Una azotea para Alejandro describe el mundo pequeño que late en uno más grande. En el doloroso ardor de la cotidianidad se desenvuelven los personajes que dan alma a una trama que cabalga entre el género del suspenso y el de aventuras.

Una azotea para Alejandro convierte a su autor en un cronista de época, en un restaurador laborioso y concienzudo que juega con dos mundos establecidos en un mismo espacio: el medieval y el renacentista. Esta reconstrucción de la historia, que tiene lugar en un contexto de ficción, es para mí el valor más importante de la primera novela que publica Antonio González Croissier.

La primera epidemia de la segunda pandemia de peste —hasta el siglo XVIII Europa sufrió varios brotes—, no es el argumento principal del relato, sino un acontecimiento secundario. Es un pretexto que facilita el desarrollo del verdadero asunto o, para ser más exactos, de los dos asuntos principales que encontramos: el que tiene que ver con una biblioteca oculta, y que ocupa la primera parte de la novela, y el que tiene que ver con el retorno de los personajes a su lugar de origen, y que inicia el desenlace de la historia.

En una Una azotea para Alejandro los personajes, desde el comienzo, se ven inmersos en una serie de acontecimientos que hacen peligrar sus vidas. Antonio González Croissier escoge la técnica narrativa del suspenso para la búsqueda de los libros escondidos en un monasterio franciscano. Para la huida de los protagonistas, el autor se decanta por el género de aventuras —aunque suspenso y aventuras se entrelazan a lo largo de las páginas.

¿Quiénes custodian los libros prohibidos en Una azotea para Alejandro? ¿Qué proyectos hay para ellos? ¿Qué dicen? ¿Serán ciertas las herejías que revelan? Esta última pregunta es respondida por el autor, aunque no con rotundidad. Es una decisión que permite que la respuesta final dependa de la visión que tenga cada lector sobre el asunto —se trata de una cuestión de fe. Así que, Alejandro, ejerzo mi derecho de no aceptar lo que afirman los libros de la «biblioteca del Infierno».

Hay una biblioteca oculta a los ojos del mundo. Hay espías al servicio del Vaticano. Hay amor y hay traición. Hay entrega generosa. Hay arrepentimiento en esta novela que teje ficción (argumento) y realidad (contexto).

Una azotea para Alejandro es rico en detalles que nos descubren la historia cotidiana de un mundo en ebullición. Es una narración que distrae… instruyendo. El libro forma parte del catálogo de la editorial Multiverso.

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