ZURBARÁN

zurbaran3«El entendimiento no necesita que funcionen los sentidos.»
Santa Ágreda.

Las damas de la alta sociedad andaluza acudían al obrador del pintor para que las inmortalizaran. Ellas, las aristócratas, llevaban con orgullo nombres de santas y mártires y él, gustoso, ponía rostro y corazón a las dolidas mujeres, que dieron sus vidas por salvaguardar su fe. Por eso, sus cuadros han sido apodados como «retratos de lo divino». Fusión de carne y espíritu: las miradas de las jóvenes modelos instaladas en los rostros de las mártires.

Para diferenciar lo divino de lo efímero, las damas de sus cuadros llevan objetos que las identifican: unas tenazas para arrancar dientes, la palma y la espada, uno senos sobre una bandeja, una sierra… Pero su obra no es siniestra. Su pintura es tranquila, sosegada, bella. Si alguna vez te has preguntado cómo se representa el silencio en un lienzo acude a él, que te dará la respuesta.

Las santas vírgenes de sus cuadros están elegantemente vestidas. El padre del artista, mercader de telas, le enseñó el oficio. De ahí que vistiera a sus jóvenes modelos con trajes tan minuciosamente hilvanados al lienzo. Se cuenta que tenía maniquíes de madera a los que probaba las ricas telas que luego trasladaría al lienzo. Y también se cuenta que sus trajes se convirtieron en patrones, interviniendo en la moda del siglo XVII.

Deseo resaltar el interés que puso por alejar de su pintura los aspectos macabros y tenebrosos del suplicio. Él es pintor, fundamentalmente, de mártires y santos. Puso luz, color y semblante, por vez primera, a muchos hombres y mujeres que murieron martirizados, convirtiéndose en el primer referente iconográfico de aquellos rostros. A través de los textos escritos viajó en el tiempo para encontrarse, cara a cara, con los inmolados.

En La Virgen niña, cuadro que acompaña esta reseña, puedes apreciar a su pequeña hija María Manuela, que le sirvió de modelo . Esta pintura pertenece a su última etapa y es la culminación de toda una vida profesional dedicada a destacar la figura de la Virgen María. La representó niña, adolescente y madre. Él, que sólo utilizaba fondos oscuros y planos para sus monjes y mártires, ofreció a la Virgen un entorno intimista acomodándola dentro del calor del hogar.

La exposición también recoge una muestra de sus bodegones -entre los cuadros hallamos uno de su hijo Juan, que no le iba a la zaga, y algunas pinturas de los colaboradores de su taller.

Los cuadros expuestos cubrieron muros de iglesias, conventos, bibliotecas y casas particulares. Son algunos de ellos lienzos inéditos y recuperados, treinta de ellos nunca antes expuestos en España.

Para cerrar este breve esbozo sobre la exposición que el Museo Thyssen dedica al pintor del Siglo de Oro Francisco de Zurbarán te diré que si vas estarás fresquito, cosa de agradecer en este infernal Madrid.

Por último, quiero dar las gracias por la acertada iluminación que acompaña el montaje y que acentúa el efecto teatral y dramático de los lienzos del pintor.

Cristo en la cruz, óleo sobre lienzo, 1627.

AL CRISTO DE ZURBARÁN

En vez de tres
son cuatro los
clavos que utilizas
para sujetarlo a Él.
Podría parecer
algo cruel que,
en vez de tres,
sean cuatro los
clavos hundidos
en su piel.
Pero, si bien es cierto
que tres son los más
usados para representarle
—vivo o muerto
oliendo a hiel—,
cuatro son más humanos pues,
en vez de humillado,
lo sostienen en pie.

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