“Lo demás es historia”.
Alberto Baeza Flores


El coro de voces reunido en Al pie de la memoria nos ofrece un recital con tonalidades muy distintas que, sin embargo, están entrelazadas, pues todas ellas tejen y destejen el manto de la incertidumbre. El éxodo del pueblo cubano se alarga en el tiempo y no hay indicios que indiquen que el plazo de huida concluya, de ahí que sepamos, por experiencia, cuánto azuza y cuán hondo anida en el hombre la melancolía.

Al pie de la memoria, nos dice el editor Felipe Lázaro, “conforma un amplio arco iris de la extraordinaria poesía cubana del pasado siglo”. En el libro están representados los movimientos estéticos que inspiraron a los integrantes de la Generación del 23, de la Poesía Pura, del Grupo Orígenes, del Neorromanticismo, de la Generación del 50, de la Generación del Mariel, de la Generación de los 80 y de los poetas jóvenes del exilio.

Cuando el retorno no es más que un deseo hecho cenizas, porque para el gobierno de tu nación no eres más que escoria sin derecho a un visado que te permita volver a tu patria, el canto se vuelve profundo y triste. Y aunque la tierra de acogida con los años se vuelve tierra querida -en ella hemos construido nuestro segundo hogar-, los recuerdos no nos dejan planear por encima de las penas porque la pérdida se transforma en recuerdos obsesivos. Somos leales al lugar en el que crecimos, aunque, digo, con los años también somos capaces de ver cómo una misma brisa besa palmeras y olivos.

Treinta y cinco poetas encuentran su sitio en Al pie de la memoria, libro que incluye, a modo de prólogo, un poema inédito de Manuel Díaz Martínez titulado Presentación del Poeta Muerto, una introducción del editor y una ficha biográfica y concisa que acompaña a cada autor.

Los poemas que he seleccionado del libro que hoy les invito a leer los ilustro con algunas de las fotografías que mi amiga cubana y escritora Belkys Rodríguez hizo en su último viaje a Cuba. He dejado al final de las poemas los nombres de los autores incluidos en la antología.

Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio (1959-2002) se encuentra dentro del catálogo de la editorial Betania.

Esta antología prueba que la muerte no es la Nada, pues quedan las obras concebidas y el esfuerzo de los que se dedican a conservar y a transmitir a las nuevas generaciones el resultado de las ideas de los hombres que nos dejaron.

Y ahora, parafraseando un verso del poema de Manuel Díaz Martínez, “los invito a palpar la carnalidad de la palabra / del Poeta Muerto”.

POEMAS

ISLA DE MI ALMA
Mercedes García Tudurí
(La Habana, 1904 – Miami, 1997)

Isla de mi alma, breve y entre las aguas sola,
con los mares del mundo batiendo en tus orillas,
vives la estrecha cárcel de tus marinas costas.

Isla de mi alma, buscas las señales secretas,
apoyado tu oído sobre las caracolas,
de rumorosas alas y de trémulas velas.

Mirando al horizonte perdido entre las olas,
¿qué te sostiene, dime, sobre la mar desierta,
isla pequeña y sola?


ARISFAEL
Arístides Sosa de Quesada
(Matanzas, 1908 – Miami, 2000)

Yo tenía un predio breve
como un pañuelo verde.

Allí coseché auroras y crepúsculos
y levanté Turquinos con terrones minúsculos.

El alma en libertad, indiferentemente,
se detenía en la hoja, el rocío o la fuente;

en el trozo de cielo de una constelación,
o en el misterio augusto de la germinación.

Todo en mi predio era armonioso…

Pero una tarde, horrenda en el recuerdo,
fue profanado el diminuto predio.

Ya el sinsonte no acude a los guayabos
ni el tomeguín anida en los naranjos.

El sol no juega con las sombras.

Bajo el alero umbroso,
mastines como lobos.

Se mustian, desolados, los rosales.

Está triste mi predio,
con la triste quietud de un cementerio.

LA CASA
Jorge Oliva
(Guantánamo, 1948 – Nueva York, 1989)

A veces dice que se va
decide abandonarla para siempre,
pero siempre es demasiado nunca
y a poco
regresa otra vez a la lenta, a la oscura ciudad
entre la montaña y el mar;
a esas calles polvorientas
de chatos portales y árboles añosos,
a los antiguos rincones
y a cierta gente que detesta y que,
inexplicablemente,
nunca ha dejado de amar.
Y es que en esos retornos
él se vuelve a encontrar: lo que queda de él,
todo lo que fue
recupera las cosas
que no traicionaron la infancia
y que a veces ya era incapaz de recordar
porque la memoria estaba demasiado sucia.

CANCIÓN PUERIL
Rafael Esténger
(Santiago de Cuba, 1899 – Miami, 1983)

Bajo este viejo puente,
larín, larín, larán,
bajo este viejo puente
me siento a descansar.

¡Qué mansa pasa el agua,
larín, larín, larán,
qué mansa pasa el agua
cantando hacia el mar!

Yo le pregunto al río,
larín, larín, larán,
yo le pregunto al río
si volveré a mi hogar.

Grazna de pronto un cuervo,
larín, larín, larán,
grazna de pronto un cuervo
perdido en el trigal.

Y el río, mansamente,
larín, larín, larán,
el río, mansamente,
se pone a sollozar…

SONIDO DE LA NOCHE
Alberto Baeza Flores
(Santiago de Chile, 1914 – Miami,1998)

Campana de la iglesia de San Salvador de Bayamo
que suena todavía en mi memoria.
En el golpe secreto de la noche sin tiempo
continúa sus ondas.

Un cirio se apagó. Pasó una nube.
Voló una llama y se quemó una pluma.
Cruzó una golondrina transitoria.
Una lumbre de ayer fue enterrada sin nadie.
Al pedestal del héroe le borraron su sombra.
Cayeron, una a una, las tejas desoladas
y los que se quedaron perdieron la memoria.
Se parceló la noche en un delirio insomne.
Pasó un coche de ayer con los caballos ciegos
y con su conductor descabezado.
Lo demás es historia.

MAR
Reinaldo Arenas
(Holguín, 1943 – Nueva York, 1990)

Ya no tenemos el mar,
pero tenemos voz para inventarlo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares que no podemos olvidar:
El mar encrespado de la cólera,
el mar viscoso del destierro,
el fúlgido mar de la soledad,
el mar de la traición y el desamparo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares repletos de excrementos,
mares de gomas de automóviles
donde empecinadamente deriva un esqueleto
(las falanges aún aferradas a la cámara
y el fragor de la metralla en el oleaje).
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares de inescrupulosos traficantes,
mares de esbirros disfrazados de bañistas
y profesores que comercian con el crimen,
mares de playas convertidas en trincheras,
mares de cuerpos balanceados
que aún retumban en nuestra memoria salpicándola.
No tenemos el mar,
pero tenemos náufragos,
tenemos uñas, tenemos dedos cercenados,
alguna oreja y un ojo que el ahíto tiburón no quiso aprovechar.
Tenemos uñas,
siempre tendremos uñas
y las aguas hirvientes de las furias,
y esas aguas, las pestilentes, las agresivas aguas,
se alzarán victoriosas con sus víctimas
hasta formar un solo mar de horror, un mar unánime
un mar
sin tiempo y sin orillas sobre el abultado vientre del verdugo.

LA PIEDRA DESNUDA
Agustín Acosta
(Matanzas, 1886 – Miami, 1979)

Vine a decirte adiós, piedra desnuda.
Te quedas sola en medio de la noche.
Muchas veces en ti recliné mi cabeza
y tuve el sueño de Jacob. Ahora,
al continuar el viaje, no me llevo
sino la huella roja de tu arruga
en la mejilla. Soy agradecido.
Las suaves almohadas no me han dado
sino plácidos sueños, enervantes
apreciaciones de la vida. Hacía
falta a mi voluntad tu agria dureza.

Tal vez eres la misma que a Jacob
le dio el bíblico sueño, y en tu entraña,
como en un raro metal, duerme el augurio.
Te quedas sola en medio de la noche…
Vengo a decirte adiós, piedra desnuda…!

EXILIO CASI VEINTE AÑOS
José Corrales
(Guanabacoa, 1937 – Nueva York, 2002)

No vengo del pasado
all of a sudden
me encontré detrás
de una de las grietas
que el futuro se empeña
en rellenar
con memorias abiertas
casi siempre supurando

Con llanto
casi coagulado
con sonrisa
casi vacía de dientes
y de ganas
con risa de casi falsedades
y con mi casi asentir con la cabeza

Una vez traté de escupirles
y casi siempre me ahoga la saliva
una vez les grité
y casi que me oyeron
una vez traté de guardar
casi silencio
y cargaron mi nombre
de adjetivos

Yo soy el que me asomo
no son ellos

HOMBRE IDEAL
Lucas Lamadrid
(La Habana, 1919 – Miami, 1987)

El hombre nuevo y útil
escucha pero no habla
mira más no sonríe
obedece y trabaja
sumiso no protesta
su mente programada
su voluntad rendida
no deciden acatan
su alma late al unísono
del partido y la causa

una computadora
tabula su esperanza
hace el amor y engendra
más siervos de su casta
su hembra con petróleo
a la prole amamanta
sonámbulo camina
y se convierte en masa
por el bien colectivo
muere en paz y le basta

ROMANCE DE LOS PUEBLOS DE CUBA
Norman Rodríguez
(Matanzas, 1926 – Miami, 1988)

Pueblos solemnes, abiertos,
humildes como centavos…;
pueblos que guardan un polvo
de angustia en sus entrepaños;
pueblos donde la tristeza
transita de mano en mano:
con parques grandes y parques
que caben en un abrazo;
con un collar de campanas
de los domingos colgado;
con árboles que doblegan
traumatismos centenarios;
y viejas empalagosas
como las lluvias de mayo…

Bodegas que huelen siempre
a controversia y cigarros,
con un chinito tan ele
como una cinta de caucho,
o algún gallego que ostenta
su gracejo de cubano…;
cantinas donde la bulla
organiza simulacros
indoctos de la alegría;
barberos que son un mazo
de cábalas y recetas
para todo el vecindario;
algún busto de un Maceo
que parece de otro lado,
y un pedrusco por las Madres
(escultórico mal parto);
portales donde los novios
se escrutan sin embarazo;
jardines a medias, donde
marpacíficos y trapos
reparten, a campanadas,
un color desconsolado…;
calles pardas y sinuosas,
llenas de niños y charcos
y mariposas que forman
archipiélagos alados…

EXILIOS
Heberto Padilla
(Pinar del Río, 1932 – Auburn, 2000)

Madre, todo ha cambiado.
Hasta el otoño es un soplo ruinoso
que abate el bosquecillo.

Ya nada protege contra el agua
y la noche.

Todo ha cambiado ya.
La quemadura del aire entra
en mis ojos y en los tuyos,
y aquel niño que oías
correr desde la oscura sala,
ya no ríe.

Ahora todo ha cambiado.
Abre puertas y armarios
para que estalle lejos esa infancia
apaleada en el aire calino;
para que nunca veas el viejo y pedregoso
camino de mis manos,
para que no me sientas deambular
por las calles de este mundo
ni descubras la casa vacía
de hojas y de hombres
donde el mismo de ayer sigue
buscando soledades, anhelos.

Poetas que aparecen en Al pie de la memoria: Emilia Bernal, Agustín Acosta, Rafael Esténger, Eugenio Florit, Mercedes García Tudurí, Pablo Le Riverend, Arístides Sosa de Quesada, José Ángel Buesa, Adela Jaume, Alberto Baeza Flores, Gastón Baquero, Justo Rodríguez Santos, Ramón Álvarez Silva, Miguel González, Lucas Lamadrid, Carlos Miguel Suárez Radillo, Oscar Gómez-Vidal, Ana Rosa Núñez, Norman Rodríguez, Antonio Giraudier, Pancho Vives, Pura del Prado, Heberto Padilla, Severo Sarduy, José Corrales, José Mario, David Fernández Chericián, Luis Cartañá, Reinaldo Arenas, Julio E. Miranda, Wifredo Fernández, Alberto Serret, Jorge Oliva, Amando Fernández y Roberto Valero.

 


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